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viernes, 18 de agosto de 2017

LA VIDA DE MONSEÑOR LEFEBVRE

                                                              

Comandente Lecler
El armisticio fue su única oportunidad: supo aprovecharla para conducir la guerra desde África. El 12 de agosto de 1940 su delegación, dirigida por el Comandante Leclerc, aterrizó en Lagos (Nigeria) y, en dos semanas, llegó sin disparar un tiro a incorporar a la Francia Libre casi todo el África Ecuatorial Francesa (AEF). Sólo Gabón se resistió. El 29 de agosto, en un primer momento, el Gobernador Masson había dado su adhesión por telégrafo, pero los notables, dirigidos por René Labat, protestaron. Luego, el 30 de agosto, llegó a la ensenada de Libreville el submarino Poncelet, como anuncio de los refuerzos enviados desde Dakar por el Gobernador General Boisson, bajo el mando de dos jefes decididos: el General de aviación Tétu y el Coronel Claveau. Finalmente, el parecer del Obispo, Monseñor Tardy, fue decisivo: había que permanecer leales al Mariscal?'. Masson se retractó, pues, el 10 de septiembre.
Leclerc intentó «incorporar» a Gabón por la periferia del país; en el norte, el comandante Dio se apoderó de Oyem; en el sur el comandante Parant se estableció en Mayumba por sorpresa. Pero sólo al precio de combates entre franceses logró Dio tomar Mitzic el 27 de octubre, y Parant, descendiendo el N gounié, consiguió tomar Fougamou, donde el Hermano Odilon se interpuso para evitar un mayor número de muertos. Parant sitió finalmente Lambaréné, que se rindió el 5 de noviembre, después de la muerte de un misionero, el Padre Samuel Talabardon, causada por el estallido de un obús".
                                                    

Charles de Gaulle


«La conquista de Gabón se eternizaba-"; de Gaulle, debilitado por su fracaso ante Dakar el 25 de septiembre, dudaba. Leclerc le arrancó entonces la decisión de un desembarco sorpresa en Libreville, que se llevó a cabo la noche del 8 al 9 de noviembre. Así tuvieron lugar combates fratricidas en las inmediaciones del aeródromo. La situación era todavía indecisa cuando, por la tarde, el aviso Bougainoille, que había abierto fuego sobre el aviso intruso Savorgnan de Brazza, fue hundido por éste.
Esa pérdida decidió la rendición de Libreville, que fue concluida en la noche del 9 al 10. El carguero Cap. des Palmes se transformó en prisión flotante, donde Leclerc encerró a los oficiales, al Gobernador Masson, al Padre René Lefebvre y al propio Obispo".
Antes de su detención, Monseñor Tardy se hizo coser su cinta roja en la sotana, pues quería que lo arrestaran con su insignia de la Legión de Honor" que acababa de concederle el General Weygand en reconocimiento por su fidelidad a la unidad francesa.
El clero se negó entonces a cantar el Te Deum que había sido pedido por Leclerc, y un capellán militar ofició en una catedral vacía de sus fieles habituales, mientras el Comandante Koemg tocaba el armonio. Hicieron falta todos los talentos diplomáticos del Padre Defranould para liberar a Monseñor Tardy, condenado durante seis semanas a arresto domiciliario en Lambaréné, Pero el encarcelamiento del Obispo, que siguió a los combates fratricidas, desorientó a los gaboneses: «No fue una actitud ejemplar; aquello no facilitó nuestro ministerio», concluiría sobriamente Monseñor Lefebvre'", Más tarde Parant asignaría subsidios a las misiones, mientras que uno de los Padres de Gabón se convertiría en capellán de las tropas que Leclerc condujo a través del Sahara hacia el frente de Libia.

7.     Superior en Donguila, entre agosto
de 1940 y abril de 1943
El Padre Henri Guillet, Superior de la Misión San Pablo de Donguila, se había agotado trabajando, especialmente cuando se amplió la iglesia de la Misión; desde enero de 1940 Monseñor Tardy decidió concederle una estadía de seis meses en Francia; el Padre Marcello reemplazaría, decía el Obispo.
«No tenía ninguna objeción que hacer -contaba el aludido al Padre Marcel, cuando me prometió que sería usted quien me reemplazaría» Sin embargo, Marcel tuvo que esperar hasta llegar al mes de agosto, tras un breve reemplazo cubierto por el Padre Defranould,        para llegar a Donguila.  
Este puesto misional, situado en un promontorlo a orillas del estuario, donde las aguas del Como se encuentran con las olas marinas, animaba una antigua cristiandad pahouin, que en 1938 acababa de festejar sus sesenta años. Se componía de una encantadora iglesia de madera con su crucero y campanario, y con los diversos edificios clásicos propios de una misión católica completa.
A partir de 1930 Donguila había empezado a despoblarse debido a la proximidad de Libreville y al intenso comercio existente con la madera. Por suerte los poblados del interior, hacia los Montes de Cristal y hasta la frontera con la Guinea española, también eran objeto del celo evangelizador de los Padres.
Persiguiendo al ladrón
La Misión San Pablo vivía de inmensas plantaciones, cuyo fruto se transportaba en gran parte por barco y se vendía en Libreville. El Hermano Norbert Lorgeray (apodado «Hermano Honor»), nacido en 1878 y residente en Gabón desde 1903, aún se hacía cargo del jardín y de los almacenes. Un domingo, antes de la Misa mayor, corrió a ver al Padre Marcel:
-¡Me han robado todas las cosas del almacén... ! ¡No queda nada: ni ollas, ni sal, ni taparrabos! El Padre Lefebvre amenazó desde el púlpito con suspender la Misa del domingo, lanzando una especie de «entredicho local», hasta que no se denunciara al ladrón. El jefe catequista, Marcel Mebale, no tardó en concluir su investigación: «¡Padre, el ladrón es Fulano de Tal!». El Padre Lefebvre reunió a algunos hombres y atravesó, con la pinaza Colette, el estuario del Como hasta Chinchoua. El Comandante del centro les cedió allí dos guardias, y encontraron al ladrón comiendo en su choza y negando rotundamente el hurto. El Padre estaba a punto de regresar cuando llegó una viejecita: «¡Todos los objetos robados están allí, en los bananeros!», Fueron, pues, y recuperaron todos los objetos, pero mientras tanto el ladrón logró escabullirse en el bosque.
La carpintería, que poseía un gran equipamiento mecánico con motor, el «Saint-Denis», que funcionaba con aceite de palma, provocaba la admiración de los visitantes y ocupaba al Hermano Chanel y a los aprendices. Por último, el Hermano Marin era el albañil de la misión. Fue el Padre Marcel --contaba Étienne Meviane- quien hizo construir el horno de cal que, gracias a la cantera vecina, producía el cemento y las piedras sillares.
El régimen de internado
En Donguila el Padre Marcel fue secundado en un primer momento por un sacerdote indígena, el Padre Auguste; y Paul Lemaire, seminarista y primo del Padre Lefebvre, prestaba ayuda a la Misión mientras esperaba ser admitido a las órdenes. El Padre africano se ocupaba del internado de los 175 chicos, mientras que las cuatro Hermanas de la Inmaculada y la Hermana indígena, bajo la dirección de la Madre Marie-Élisabeth, velaban por el internado de las 68 chicas'?", En el pasado, las Hermanas habían pagado un doloroso tributo a las enfermedades tropicales; el pequeño cementerio de la Misión revelaba el sacrificio ofrecido generosamente por jóvenes vidas religiosas consagradas a la evangelización, como el de Sor Canisius, por ejemplo, fallecida en 1908 a los treinta y ocho años, y el de Sor María Pía, llamada a Dios en 1909 a los veinticuatro años.
Sobre tales fundamentos Dios proseguía su obra de bautismo y de educación cristiana de la juventud gabonesa.
El reclutamiento para las dos «escuelas principales» de la misión era obra de los catequistas del poblado y de los misioneros durante sus giras, que discernían a los niños con mejores cualidades, a quienes enviaban primero a las «escuelas anexas» cuando las había.
El Padre Guillet había dado una sola directiva al Padre Marcel:
Espero -le había escrito- que durante su estadía aquí visitará nuestros anexos. Como usted sabe por experiencia, esas visitas son tan agradables para el misionero como provechosas para los cristianos y catecúmenos, mucho menos agotadoras y más fructíferas que las giras de poblado en poblado. Toda la misión [su territorio] está dividida en ocho centros, incluido Mfoua, que puede llevar dignamente el nombre de anexo'?'.
Cada uno de esos centros contaba con un jefe de catequistas, una choza-capilla y algunas «escuelas anexas», esto es, que dependían de las escuelas de Donguila y preparaban a las mismas.
Además de Mfoua, había anexos en Ekouk, Remboué, Ezene (que el Padre Marcel transfirió a Kango, en el «Consorcio» (una gran sociedad forestal), etc.
Los alumnos del internado de chicos de la misión se dividían así: primero estaban los últimos ingresados, a los que se llamaba «novatos»; después, los que se preparaban para el bautismo y a los que, por estar en segundo año, se daba el nombre -de «veteranos»; y finalmente los «cristianos», bautizados y «comulgados», incluso confirmados, que se preparaban para la salida después de la imposición del escapulario.
Por supuesto, los «cristianos» no dudaban en gastarles bromas pesadas a los «veteranos», y éstos en maltratar a su vez a los «novatos». Los Padres toleraban esas pruebas, que forjaban la moral de sus tropas.
Valentín Obame, que fue sacado de su poblado por el Padre Marcel, decía lo siguiente: Si he llegado hoy a ser alguien, es gracias a él. Se lo debo todo.
El Padre Marcel perfeccionó, por lo demás, el programa de estudios: considerando que no había suficientes cursos, aumentó las horas de clase de dos a cuatro por día107, pero mantuvo el trabajo manual al aire libre al comienzo de la mañana.
La guerra. La fiebre amarilla. La misión en cuarentena
Hasta ese momento, la guerra no había afectado directamente a Donguila. Sin embargo, pronto llegó la terrible noticia de los combates de Lambaréné y de la muerte del Padre Talabardon. Ahora bien, dicho Padre había sido en su momento el segundo del Padre Guillet, y se había dedicado de lleno a Donguila. Por eso, el Padre Marcel envió a las exequias una delegación de diez alumnos de Donguila.
Tiempo después, en una noche, un destacamento de las tropas de Parant desembarcó inesperadamente en Donguila. Embarcados en Chinchoua en una pinaza a la que se habían amarrado las piraguas, una parte de los «sara» chadianos, sorprendidos por las olas, murieron ahogados. Cuando vieron las luces del poblado, los sobrevivientes desembarcaron, pero furiosos contra sus oficiales blancos, amenazaron con matarlos. El Padre Marcel los calmó y los alojó en las aulas.
Ahora bien, semanas más tarde, los chicos cayeron enfermos con cuarenta grados de fiebre: era la fiebre amarilla. La breve estadía de los sara, portadores sanos del virus, bastó para que los mosquitos transmitiesen la enfermedad, mortal para los adultos. El Padre Paul Lemaire, que se desvelaba por los enfermos, fue la primera víctima: murió en la vieja casona de los Padres el 2 de marzo de 1941, seguido de cerca por el Padre Auguste. Era la desolación. Las Hermanas también cayeron enfermas. Se impuso la cuarentena en la misión y se quemó azufre en todos los edificios, comenzando por la iglesia, cuyas hermosas arañas quedaron arruinadas. Hubo que talar los plátanos del Hermano Honor. ¡Qué gran prueba para el Padre Marcel!.
Movilizado contra los italianos. Separación moral
Pero el Padre Marcel Lefebvre no era de los que se lamentaban estérilmente; el Padre jéróme Mba-Békale ocupó el puesto del Padre Auguste, y Donguila recuperó su vida ordinaria, la cual, sin embargo, se vio perturbada un poco después por la movilización del Padre Marcel, esta vez contra los italianos, «que venían, al parecer, de Libia. ¡Pero a los italianos no los vimos nunca!».



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