utfidelesinveniatur

jueves, 23 de noviembre de 2017

LA CIUDAD DE DIOS (Y/O LA CAIDA DEL IMPERIO ROMANO) SAN AGUSTIN

LOS LATROCINIOS DEL IMPERIO ROMANO

Capítulo IV. Cuán semejante a los latrocinios son los reinos sin justicia
Sin la virtud de la justicia, ¿qué son los reinos sino unos execrables latrocinios? Y éstos, ¿qué son sino unos reducidos reinos? Estos son ciertamente una junta de hombres gobernada por su príncipe la que está unida entre sí con pacto de sociedad, distribuyendo el botín y las conquistas conforme a las leyes y condiciones que mutuamente establecieron. Esta sociedad, digo, cuando llega a crecer con el concurso de gentes abandonadas, de modo que tenga ya lugares, funde poblaciones fuertes, y magnificas, ocupe ciudades y sojuzgue pueblos, toma otro nombre más ilustre llamándose reino, al cual se le concede ya al descubierto, no la ambición que ha dejado, sino la libertad, sin miedo de las vigorosas leyes que se le han añadido; y por eso con mucha gracia y verdad respondió un corsario, siendo preso, a Alejandro Magno, preguntándole este rey qué le parecía cómo tenía inquieto y turbado el mar, con arrogante libertad le dijo: y ¿qué te parece a ti cómo tienes conmovido y turbado todo el mundo? Mas porque yo ejecuto mis piraterías con un pequeño bajel me llaman ladrón, y a ti, porque las haces con formidables ejércitos, te llaman rey.
LAS BATALLAS DE LOS GLADIADORES CONTRA ROMA
Capítulo V. De los gladiadores fugitivos, cuyo poder vino a ser semejante a la dignidad real
Por lo cual dejo de examinar qué clase de hombres fueron los que juntó Rómulo para la fundación de su nuevo Estado, resultando en beneficio suyo la nueva creación del Imperio; pues que se valió de este medio para que con aquella nueva forma de vida, en la que tomaban parte y participaban de los intereses comunes de la nueva ciudad, dejasen el temor de las personas que merecían por sus demasías, y este temor los impelía a cometer crímenes más detestables, y desde entonces viviesen con más sosiego entre los hombres. Digo que el Imperio romano, siendo ya grande y poderoso con las muchas naciones que había sujetado, terrible su nombre a las demás, experimentó terribles vaivenes de la fortuna, y temió con justa razón, viéndose con gran dificultad para poder escapar de una terrible calamidad, cuando ciertos gladiadores, bien pocos en número, huyéndose a Campania de la escuela donde se ejercitaban, juntaron un formidable ejército que, acaudillado por tres famosos jefes, destruyeron cruelmente gran parte de Italia Dígannos: ¿qué dios ayudó a los rebeldes para que, de un pequeño latrocinio, llegasen a poseer un reino, que puso terror a tantas y tan exorbitantes fuerzas de los romanos? ¿Acaso porque duraron poco tiempo se ha de negar que no les ayudó Dios, como si la vida de cualquier hombre fuese muy prolongada? Luego, bajo este supuesto, a nadie favorecen los dioses para que reine, pues todos se mueren presto, ni se debe tener por beneficio lo que dura poco tiempo en cada hombre, y lo que en todos se desvanece como humo. ¿Qué les importa a los que en tiempo de Rómulo adoraron los dioses, y hace, tantos años que murieron, que después de su fallecimiento haya crecido tanto el Imperio romano, mientras ellos están en los infiernos? Si buenas o malas, sus causas no interesan al asunto que tratamos, y esto se debe entender de todos los que por el mismo Imperio (aunque muriendo unos, y sucediendo en su lugar otros, se extienda y dilate por largos años), en pocos días y con otra vida lo pasaron presurosa y arrebatadamente, cargados y oprimidos con el insoportable peso de sus acciones criminales. Y si, con todo, los beneficios de un breve tiempo se deben atribuir al favor y ayuda de los dioses, no poco ayudaron a los gladiadores, que rompieron las cadenas de su servidumbre y cautiverio, huyeron y se pusieron en salvo, juntaron un ejército numeroso y poderoso, y obedeciendo a los consejos y preceptos de sus caudillos y reyes, causando terror a la formidable Roma, resistiendo con valor y denuedo a algunos generales romanos, tomaron y saquearon muchas poblaciones, gozaron de muchas victorias y de los deleites que quisieron, hicieron todo cuanto les proponía su apetito, eso mismo hicieron, hasta que finalmente fueron vencidos (cuya gloria costó bastante sangre a los romanos), y vivieron reinando con poder y majestad. Pero descendamos a asuntos de mayor momento.
Capítulo VI. De la codicia del rey Nino, que por extender su dominio fue el primero que movió guerra a sus vecinos
Justino, que, siguiendo a Trogo Pompeyo, escribió un compendio, de la Historia griega, o, por mejor decir, universal, comienza su obra de esta manera: <Al principio del mundo el imperio de las naciones le tuvieron los reyes, quienes eran elevados al alto grado de la majestad, no por ambición popular, sino por la buena opinión que los hombres tenían de su conducta. Los pueblos se gobernaban sin leyes, sirviendo de tales los arbitrios y dictámenes de los reyes, los cuales estaban acostumbrados más a defender que a dilatar ambiciosamente los términos de su imperio. El reino que cada uno poseía se incluía dentro de los límites de su patria. Nino, rey de los asirios, fue el primero que con nueva codicia y deseo de dominar, mudó esta antigua costumbre conservada de unos a otros desde sus antepasados. Este monarca fue el primero que movió guerra a sus vecinos, y sujetó, como no sabían aún hacer resistencia, todas las naciones situadas hasta los confines de Libra>; y más adelante añade: <Nino robusteció el poder de su codiciado dominio con un largo reinado. Habiendo, pues, sujetado a sus comarcanos, como con el acrecentamiento de las fuerzas militares pasase con más pujanza contra otras naciones, y siendo la victoria que acababa de conseguir instrumento para la siguiente, sojuzgó las provincias y naciones de todo el Oriente.> Sea lo que fuere el crédito que se debe dar a Justino o a Trogo (porque otras historias más verdaderas manifiestan que mintieron en algunos particulares); con todo, consta también entre los otros escritores que el rey Nino fue el que extendió fuera de los límites regulares el reino de los asirios, durando por tan largos años, que el Imperio romano no ha podido igualársele en el tiempo; pues según escriben los cronologistas, el reino de los asirios, contando desde el primer año en que Nino empezó a reinar hasta que pasó a los medos, duró mil doscientos cuarenta años El mover guerra a sus vecinos, pasar después a invadir a otros, afligir y sujetar los pueblos sin tener para ello causa justa, sólo por ambición de dominar, ¿cómo debe llamarse sino un grande latrocinio?
CIRO REY PERSA

Capítulo VII. Si los dioses han dado o dejado de dar su ayuda a los reinos de la tierra para su esplendor y decadencia

Si el reino de los asirios fue tan opulento y permaneció por tantos siglos sin el favor de los dioses, ¿por qué el de los romanos, que se ha extendido por tan dilatadas regiones y ha durado tantos años, se ha de atribuir su permanencia a la protección de los dioses de los romanos, cuando lo mismo pasa en el uno y en el otro? Y si dijesen que la conservación de aquél debe atribuirse también al auxilio y favor de los dioses, pregunto: De qué dioses? Si las otras naciones que domó y sujetó Nino no adoraban entonces otros dioses, o si tenían los asirios dioses propios que fuesen como artífices más diestros para fundar y conservar Imperios, pregunto: ¿Se murieron, acaso, cuando ellos perdieron igualmente el Imperio? ¿O por qué no les recompensaron sus penosos cuidados, o por qué ofreciéndoles mayor recompensa, quisieron más pasarse a los medos, y de aquí otra vez, convidándolos Ciro y proponiéndolos tal vez partidos más ventajosos, a los persas? Los cuales, en muchas y dilatadas tierras de Oriente, después del reino de Alejandro de Macedonia, que fue grande en las posesiones y brevísimo en su duración, todavía perseveran hasta ahora en su reino. Y si esto es cierto, o son infieles los dioses que, desamparando a los suyos, se pasan a los enemigos (cuya traición no ejecutó Camilo, siendo hombre, cuando habiendo vencido y conquistado para Roma una ciudad, su mayor émula y enemiga, ella le correspondió ingrata, a la cual, a pesar de este desagradecimiento, olvidado después de sus agravios y acordándose del amor de su patria, la volvió a librar segunda vez de la invasión de los galos) o no son tan fuertes y valerosos cómo es natural sean los dioses, pues pueden ser vencidos por industria o por humanas fuerzas; o cuando traen en sí guerra no son los hombres quienes vencen a los dioses, sino que acaso los dioses propios de una ciudad vencen a los otros. Luego también estos falsos númenes se enemistan mutuamente, defendiendo cada uno a los de su partido. Luego no debió Roma adorar más a sus dioses que a los extraños, por quienes eran favorecidos sus adoradores. Finalmente, como quiera que sea este paso, huida o abandono de los dioses en las batallas, con todo, aún no se había predicado en aquellos tiempos y en aquellas tierras el nombre de Jesucristo cuando se perdieron tan poderosos reinos o pasaron a otras manos su poder y majestad con crueles estragos y guerras; porque si al cabo de mil doscientos años y los que van hasta que se arruinó el Imperio de los asirios, predicara ya allí la religión cristiana otro reino eterno, y prohibiera la sacrílega adoración, de los falsos dioses, ¿qué otra cosa dijeran los hombres ilusos de aquella nación, sino que el reino que había existido por tantos años no se pudo perder por otra causa sino por haber desamparado su religión y abrazado la cristiana? En esta alucinación, que pudo suceder, mírense éstos como en un espejo y tengan pudor, si acaso conservan alguno, de quejarse de semejante acaecimientos; aunque la ruina del Imperio romano más ha sido aflicción que mudanza, la que le acaeció igualmente en otros tiempos muy anteriores a la promulgación del nombre de Jesucristo y de su ley evangélica, reponiéndose al fin de aquella aflicción; y por eso no debemos desconfiar en esta época, porque en esto,¿quién sabe la voluntad de Dios?

Dios baja al infierno del crimen. M. Raymond, O. C. S. O.


CAPÍTULO II
DIOS REÚNE SUS INSTRUMENTOS (continuación)
Penney jadeaba intensamente al recordar el episodio; pero al fin se quedó tranquilo, diciendo para sí:
«¡Gracias a Dios que los policías encontraron una bala en el suelo!»
Se incorporó, pensando:
«¿No podía mi abogado apoyar en esto mi defensa? Cierto que yo estaba allí. Cierto que participé en el robo. Cierto que la pistola del 38 era mía. Todo ello es innegable. Pero también es evidente que yo no cometí el asesinato. La única bala de mi pistola, la única bala del 38 que se encontró, estaba en el suelo, y no en uno de los cuerpos.»
Con los codos en las rodillas y la cabeza en las manos, se asombraba de que Bob Anderson no quisiera comprenderlo. Los peritos del Servicio de Investigación Criminal habían dictaminado que los proyectiles encontrados en los cuerpos y en el lecho de la señora Miley pertenecían a la pistola del
32 de Bob. Y, a pesar de ello, Anderson insistía en su inocencia, y negaba su participación en el crimen.
¡Ese mamarracho es un iceberg o un chalado! —susurró Penney ferozmente, pisoteando la ceniza gris en el suelo—. Yo le acusé. Baxter le acusó. Las pistolas le acusan, y, finalmente, le acusan las balas. ¡Ya puede negar cuanto le dé la gana! No sé qué espera conseguir con ello. ¡Como no sea gastar dinero y palabras, lo que es otra cosa!...»
Se echó otra vez sobre el camastro, preguntándose si realmente no había traicionado a su compinche. Apretó los dientes, pensando en lo ocurrido. Una señal luminosa de tráfico... Una señal fatídica, iba a costar tres vidas probablemente...
Fue en Fort Worth, Texas. Había estado el coche viajando durante diez días por todo el Sur sin que ocurriera nada de particular. Estuvo en Florida, volvió a través de Georgia y Alabama, cruzó Misisipi y Arkansas sin el menor obstáculo. Telegrafió una tarde a Anderson pidiéndole más dinero, y lo recibió al cabo de unas horas. Y en seguida, allá abajo, en Texas, una señal luminosa se volvió contra él... Aquella luz podía significar nada menos que la silla eléctrica.
Pero bruscamente se levantó como movido por un resorte. Entornó sus ojos, de un gris azulado, y un reflejo tan frío como el acero brilló en ellos.
«¿Traición?—pensó—. ¿No fue Anderson quien me traicionó a mí al difundir que le habíamos robado su coche después de dejármelo para que me escabullera? De no ser por eso, aquellos «polis» de Fort Worth nunca me habrían atrapado. ¡Como vuelva a echarle la vista encima a ese pájaro...! »
Los tres días y dos noches de incesante interrogatorio de los policías de Fort Worth no lograron abatirle. Las comisuras de sus labios se fruncían ahora despectivas al recordar cuánto le molestaron, le amenazaron y le golpearon en infructuosos esfuerzos para arrancarle una confesión. Si sólo se hubiera enfrentado con ellos, todavía estaría en libertad. Pero el inspector Price llegó a Texas desde Kentucky..., y las cosas cambiaron.
Tom Penney se volvió a sentar pensativo como si se enfrentara con un rompecabezas. Sabía que odiaba a Price con todas las fuerzas de su alma;
pero por grande que fuera su odio, no podía por menos de reconocer que era todo un caballero. Le había hablado como se habla a un ser humano; le había tratado como se debe tratar a un hombre. Más de cuatro horas permanecieron juntos aquel domingo sin que el inspector alzara la voz.
Tranquilamente, con toda consideración y suavidad, formulaba pregunta tras pregunta, anotando sus respuestas con idéntica serenidad. Recordando la escena, Penney oía la voz pausada de Price, que le decía:
—Se está usted contradiciendo, Tom.
Y asimismo oía con la misma claridad su propia voz —no tan
tranquila, sino más bien ronca y falsamente fanfarrona— tratando de aparentar confianza:
— ¿Cree usted que voy a confesarme autor de un doble asesinato?
Al percibirla ahora como un eco lejano con su experto oído de reo, Tom se estremeció.
«¡Allí fue donde me equivoqué! —se dijo—. Si me hubiera callado en lugar de preguntar...»
Se encogió de hombros, consolándose con pensar que, de todas maneras, el final habría sido el mismo, pues no había hombre capaz de resistir el tormento de las preguntas del inspector Price sin caer en sus redes.
Arrojó al suelo la colilla y la aplastó con el pie, mientras llegaba a la conclusión de que no había traicionado a Bob, pero sí caído en una trampa.
Claro que, como el hecho de su detención era culpa de Anderson, éste no podía echarle en cara estar comiendo también el rancho de la cárcel. ¡Si no se hubiese chivado en lo del coche!...
Tom Penney se levantó y se estiró, diciéndose que tanto pensar no era bueno. Era como gritar porque se ha vertido la leche, cuando lo mejor es dejar que el gato venga a lamerla.
Ya de noche, y cuando se iba a acostar, Penney oyó que le llamaban.
Se levantó, y vio a los detectives Harrigan y Gravitt a la puerta de su celda.
— ¡Basta de interrogatorios!—exclamó— ¡Ya les he dicho todo lo que sé! ¡Ya he dicho todo cuanto tenía que decir!
No se ponga así, Penney. Esta vez se trata de una visita amistosa.
— ¡Amistosa!—dijo Penney, sarcástico—. ¡El oficial Harrigan quiere hablarme con cariñosa amistad!... ¡Siempre empiezan ustedes lo mismo!
—No, no, Tom —replicó Gravitt—. Esta vez se equivoca.
— ¿Que me equivoco?... ¡Conozco sus tretas desde que era niño!
—Bueno... Si no quiere aceptar nuestras palabras, acepte, al menos, nuestros cigarrillos.
El preso miró primero al paquete alargado que el detective le ofrecía, y luego, recelosamente, a los dos hombres.
—Son suyos, Tom—aseguró Gravitt—. Joe y yo los hemos visto en el torno cuando entrábamos, y hemos venido a traérselos. ¿Qué tal ha pasado el día?
Penney tomó el cartón que le tendía Harrigan, leyó el remite puesto en el ángulo superior izquierdo, sonrió y lo arrojó sobre la cama, mientras contestaba a la pregunta de Gravitt:
— ¡Psch! No del todo mal. He comido bien. He dormido bien. He leído los periódicos de la mañana y de la noche, y hasta he tenido algunas visitas. Un día perfecto, si ustedes no vienen a freírme a preguntas esta noche.
Joe Harrigan encendió el cigarro.
—No hay preguntas esta noche. El jefe ha ordenado que se le deje solo y tranquilo. Al parecer, le tiene afecto, Penney. Me alegro que haya pasado un buen día, y le deseo también una buena noche. ¡Hasta la vista!
Tom sonrió mientras los dos hombres se alejaban por la galería. Cogió el cartón de cigarrillos y volvió a leer el remite. Sacó un lápiz del bolsillo, y en una hoja de papel trazó unas líneas agradeciendo a sus primos el obsequio. Cinco minutos después cerraba el sobre, lo ponía entre los barrotes de la reja, y tomando otra hoja de papel, escribía: «Lexington, Ky., 22 de octubre de 1941.
Querido jefe: Nunca podrá imaginarse lo mucho que he agradecido la visita de esta tarde. Antes de ahora no sabía que un oficial de la ley pudiera ser tan humano. ¡Lástima que uno aprenda algunas cosas demasiado tarde y que le cueste tan caro el aprenderlas! No es sólo en mí en quien pienso. Lo
que yo sufro no es nada comparado con lo que sufrirán mi madre, mis hermanas y hermanos y todos mis amigos.
¡Qué pena tan grande pensar lo que podía yo haber sido si hubiera seguido el camino recto en lugar de escoger el del mal! Si yo pudiera hacer el relato de mi vida, estoy seguro de que podría hacer mejores a muchos.
Jefe: honradamente le he dicho todo cuanto sé, y es verdad. La otra noche dije que deseaba manifestar algo a usted, pero me contestaron que estaba usted cansado y que se lo expusiera a ellos. Todos han sido amables y considerados conmigo, y aunque sé que usted, señor Price, nada puede hacer por mí, tengo la seguridad de que lo siente sinceramente, por lo que quiero que sepa que yo no guardo rencor a nadie en el mundo, y que siento el más profundo respeto por usted y sus subordinados. También creo que los
señores Maupin, Harrigan y Gravitt son muy dignos de estimación en este caso. Han trabajado bien y sin desmayo hasta el fin. No les elogio por ganarme sus simpatías, sino porque me sale del corazón. Precisamente para demostrar cuánto aprecio las amabilidades de ustedes, quiero decirle que
estoy arrepentido de las cosas desagradables que haya podido decir o pensar de los agentes de la autoridad. Muy arrepentido, pues ahora lo veo todo de un modo diferente.
Si usted teme... ¡Oh, no sé cómo expresarme!... Si usted teme haberme hecho algún mal descubriendo este caso, deseche ese temor. Yo sé que era su deber.
Señor Price, me gustaría mucho saber los nombres de las monjas que vinieron hoy con usted. Dios las bendiga. Siempre son lo mismo de cariñosas y simpáticas. No sé por qué, siempre he sentido una especie de seguridad en su presencia.
Bueno, jefe; no quiero abusar más de su tiempo. Trate de no pensar demasiado mal de mí, y crea en la absoluta sinceridad de cuanto le he dicho.
Para usted y los suyos desea respetuosamente la mayor salud y buena suerte, Tom Penney.»
El prisionero releyó su carta. Por un momento estuvo tentado de romperla, pues la encontraba algo rastrera. Deseaba dar gracias a Price; pero había algo en aquellas líneas que no iba bien con la gratitud que quería expresar. Primero en Fort Worth y luego en Lexington, había pronunciado feroces invectivas contra Price, Maupin, Harrigan y Gravitt. Debía una
explicación a cada uno y, sobre todo, debía agradecer a Price su actitud.
Pero aquella carta sonaba a falsa... Entonces sus ojos llegaron al párrafo referente a las monjas.
¿Serían aquellas frases la verdadera razón de la extensa carta?... ¿Qué habían dicho ellas?... ¿Que rezaban por él?,.. Y ¿por qué? ¿No era un delincuente contrito y confeso, cuyo historial se había hecho público?... Si se libraba de la silla eléctrica, pasaría en presidio el resto de su vida. ¿Por qué iban a rezar por él las monjas? ¿Por qué?...
Por fin, resolvió sus dudas metiendo el pliego en un sobre y escribiendo en él la dirección del jefe. Si, por lo menos, conseguía saber los nombres de las monjas, les escribiría para averiguar la razón de por qué rezaban por él.
«Seguro que no es por mi vida —se dijo Penney, empezando a desnudarse—. Y yo sé que tampoco van a rezar por mi muerte.»
Pocos momentos después, al meterse en la cama y tirar de las sábanas hasta cubrirse con ellas la barbilla, admitió que posiblemente las monjas rezaban por su muerte. Como no había vivido de buena manera, las hermanas del Hospital de San José podían muy bien rezar para pedir una buena muerte para él.
Esta idea le llenó de inquietud. ¿Qué podría hacer para disiparla? Recordaba bien la ira que se apoderó de él cuando los policías de Fort Worth le reconocieron por la larga cicatriz que cruzaba su rostro y le detuvieron, Estuvo tentado de resistirles, e incluso de sacar la pistola y matar al conductor del coche. Ahora no podría decir por qué contuvo ese impulso que le habría evitado muchas amarguras: los interrogatorios, la publicidad, el largo viaje de regreso, la ignominia de entrar esposado en su ciudad natal, las duras semanas del proceso que le aguardaban... ¿Por qué no lo hizo? Porque había otras personas en el coche: Leo Gaddys y aquella mujer que habían recogido en la calle... Siempre había sido estúpidamente caballeroso con todas las mujeres, sin importarle que fueran o no merecedoras de ello. Mientras se volvía al otro lado de la cama, se dijo que la verdadera razón de no haber obligado a los policías a liarse a tiros con él fue una prostituta flaca y fea.
Al quedar frente al ventanillo, sus ojos vieron brillar una estrella solitaria en el cielo. Tom Penney se extrañó que no hubiera habido entonces algo más que aquella falsa caballerosidad. De pronto se dio cuenta de que en cada una de las cartas que había escrito desde la cárcel del Condado figuraba un Dios le bendiga o te bendiga.
En la última, que acababa de escribir a Price, estampó un Dios las bendiga, refiriéndose a las monjas. Y, sin embargo, días antes, en Fort Worth se había reído en las narices de uno de sus interrogadores que le preguntó si Dios significaba algo para él.
— ¿Dios?—respondió con una risotada—. Para mí, Dios es tan sólo una palabra compuesta de cuatro letras. Y para cualquier efecto práctico, esas cuatro letras tienen el mismo valor que si fuesen w, x, y y z.
Entonces... ¿Por qué había nombrado a Dios, a su madre, a sus primos y ahora mismo al inspector?
Aquella noche, las estrellas caminaban muy despacio a través del cielo de Lexington. Brillaban majestuosamente tranquilas y plácidas, bañando de plata las rejas de la prisión del Condado. Pero Tom Penney dormía bajo ellas con un sueño ligero e inquieto, sin sospechar que la misma mano que regía el curso maravilloso de aquellos astros había estado también reuniendo sus instrumentos susceptibles de atraerle a la órbita trazada por ella para el hombre. El interrogador de Fort Worth, con su pregunta sobre Dios, había sido un pequeño instrumento, lo mismo que la curiosidad de Jackie Regan por ver las celdas y los presos. Pero sólo cuando Penney se durmió profundamente, Dios reunió sus cuatro instrumentos principales: dos monjas en el Hospital de San José y dos hombres que en casa de Austin Price discutían acerca de otro, que pronto estaría convicto y confeso de un asesinato.
—Sé que le condenarán a muerte por este crimen. Por eso deseo que vaya a verle —insistía, tenaz, el señor Price.

— ¡Okey, jefe! Iré. Pero usted pídale a Dios que cuando vaya le diga las cosas que debo decirle —contestó el Padre Jorge Donnelly, sonriendo, al vislumbrar una expresión de alivio en los ojos de su interlocutor.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

LOS SIETE DONES DEL ESPÍRITUSANTO


CONTINUACION...
Santo Tomás añade en la Suma Teológica algo que no había dicho en su Comentario a las Sentencias: que los dones del Espíritu Santo son necesarios para la salvación. El libro de la Sabiduría (VII, 28) nos dice, en efecto: "Dios no ama sino a aquel que habita con la sabiduría"; y en el Eclesiástico (1, 28) se lee: "El que no posee el temor de Dios, no podrá llegar a la justicia." Ahora bien, el más perfecto de los dones es el de sabiduría, y el último, el de temor.
Además, observa Santo Tomás, ibid., aun las virtudes infusas, teologales, y morales, que se acomodan al modo humano de nuestras facultades, nos dejan en estado de inferioridad con respecto a nuestro fin sobrenatural, que sería preciso conocer de una manera más penetrante, más viva y más sabrosa, y hacia el cual deberíamos aspirar con ímpetu más resuelto (a).
La fe permanece esencialmente imperfecta, aun cuando sea virtud muy alta, por tres razones: l9, por la oscuridad de su objeto, que no percibe inmediatamente, sino como en un espejo y de manera enigmática, in speculo et in enigmate (I Cor., XII, 12); 2°, porque no lo alcanza sino mediante múltiples fórmulas dogmáticas, siendo así que Dios es soberanamente simple; 3° porque llega a él de modo abstracto, por medio de proposiciones afirmativas y negativas (componendo et dividendo), cuando la realidad es que el Dios viviente es la luz de la vida, y sería preciso poderlo conocer no de manera abstracta, sino en forma cuasi experimental.
La esperanza participa de esta imperfección de la fe, y aun la misma caridad, ya que es la fe la que le propone su objeto.
Con mayor razón la prudencia, aun la infusa, adolece de idéntica imperfección, por el hecho de verse precisada a recurrir al razonamiento, a las razones de obrar, para dirigir las virtudes morales. Muchas veces queda vacilante, por ejemplo, al tener que responder convenientemente a una pregunta indiscreta, sin descubrir un secreto ni faltar a la verdad. Para salir airosos en casos semejantes nos sería preciso una buena inspiración; lo mismo para resistir eficazmente a ciertas tentaciones sutiles, violentas y prolongadas.
"La razón humana", dice Santo Tomás, "aun cuando se halle perfeccionada por las virtudes teologales, no puede conocer todo lo que le importaría saber, ni preservarse de todo descarrío (stultitia). Sólo el Omnisciente y Todopoderoso puede poner remedio a nuestra ignorancia, a nuestra imbecilidad- espiritual, a la dureza de corazón y a otras fallas de este jaez. Para liberarnos de estos defectos nos han sido otorgados los dones que nos hacen dóciles a las divinas inspiraciones."
En este sentido son necesarios para la salvación, como las velas son necesarias a una barca para que ésta pueda navegar al impulso del viento, aunque en rigor podría hacerlo a fuerza de remos. Dos maneras muy distintas de avanzar, que a veces pueden también ser simultáneas.
"Por las virtudes teologales y morales", dice Santo Tomás, "no queda, el. hombre elevado a tal perfección con relación a la consecución de su último fin, que no tenga, de continuo, necesidad de ser movido por una superior inspiración del Espíritu Santo". Es, por el contrario, en él, una necesidad permanente; y por esta razón, son los dones en nosotros una disposición infusa permanente.
Y hacemos uso de los dones algo así como nos valemos de la virtud de la obediencia para recibir con docilidad una dirección superior y dejarnos guiar por esta dirección; pero no siempre que queremos gozamos de esta superior inspiración. En este sentido, por ellos somos pasivos con relación al Espíritu Santo y obramos bajo su influencia.
Así se comprende mejor que, al igual que la obediencia, sean los dones en el justo una disposición permanente.
Se ve mejor esta gran conveniencia, y aun esta necesidad de los dones, si se considera, como lo indica Santo Tomás (I, II, q. 68, a. 4, y II, II, q. 8, a. 6), la perfección que cada no tenga siempre necesidad de ser inspirado por el maestro interior (semper, non pro semper)-, algo así como cuando decimos: "necesito siempre este sombrero", no queremos decir que tengamos necesidad de ¿1 desde la mañana hasta la noche y desde la noche hasta la mañana.
Asimismo un estudiante de medicina no está tan versado en los menesteres de su profesión, que no tenga constante necesidad de la asistencia de su profesor para ciertas operaciones. Es una necesidad no transitoria, sino permanente; de la misma manera los dones han de ser, no inspiraciones transitorias, como la gracia de la profecía, sino disposiciones infusas permanentes.
Es seguro, además, que es posible hacer un acto sobrenatural de fe, con la ayuda de una gracia actual, sin concurso alguno de los dones del Espíritu Santo, sin penetrar ni gustar de los misterios a los cuales uno se adhiere. Tal es el caso del cristiano que está en pecado mortal, y que, al perder la caridad, ha perdido los siete dones.
Por el contrario, admítese generalmente que los dones del Espíritu Santo influyen frecuentemente de modo latente, sin que tengamos conciencia de ello, para dar a nuestros actos meritorios una perfección que sin ellos no tendrían. Como el viento favorable facilita la labor de los remeros.
De modo que, según enseña Santo Tomás, I, II, q. 68, a. 8, los dones son superiores a las virtudes morales infusas. Y si bien son inferiores a las virtudes teologales, dan a éstas una perfección nueva, por ejemplo ía de penetrar y gustar los misterios de la fe uno de ellos da a la inteligencia, a la voluntad y a la sensibilidad.
Claramente se ve que aquellos dones que dirigen a los otros son superiores a ellos; el don de sabiduría es el más elevado de todos, pues que nos proporciona un conocimiento cuasi experimental de Dios, y por lo mismo un juicio acerca de las cosas divinas que es aun superior a la penetración del don de inteligencia (que pertenece, más bien que al juicio,, a la primera aprehensión)…
El don de ciencia corresponde a la esperanza, en el sentido de que nos da a comprender el vacío de las cosas creadas y de las fuerzas .humanas, y, por ende, la necesidad de poner nuestra confianza en Dios, si hemos de llegar a poseerlo. El don de temor perfecciona también la esperanza, librándonos de la presunción, pero pertenece también a la templanza, y nos socorre contra las tentaciones. Y a estos dones corresponden las bienaventuranzas que son sus actos, como muy bien lo enseña Santo Tomás.
Se sigue, en fin, de la necesidad de los dones para la salvación, que están en conexión con la caridad, según las palabras de San Pablo a los Romanos (v,.5): "La caridad de Dios está difundida en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado."El Espíritu Santo no desciende a nosotros sin sus siete dones que acompañan así a la caridad, y que, en consecuencia, se pierden, cómo ella, por el pecado mortal”.
Pertenecen de esa forma al organismo espiritual de la gracia santificante, que, por esta razón, es llamada "gracia de las virtudes y de los dones,". Y como todas las virtudes crecen a la vez, como los cinco dedos de la mano  otro tanto se ha de decir de los siete dones. No se concibe, pues, que un cristiano tenga muy ferviente caridad, la caridad propia de la perfección, sin poseer al mismo tiempo los dones del Espíritu Santo en la misma proporción; aunque quizás, en él, los dones de inteligencia y de sabiduría se manifiesten no tanto en forma contemplativa, como en algunos, sino más M
ás tarde trataremos de la docilidad al Espíritu Santo y de las condiciones que esa docilidad exige (III P., c. XXXI), pero desde ahora podemos comprender el valor de este organismo espiritual que constituye en nosotros una vida eterna iniciada, más preciosa que la vista, que la vida física y que el uso de la razón, en el sentido de que la pérdida del uso de
la razón, en el justo, no le arrebata ese tesoro que ni.la misma muerte nos podrá arrancar. Esta gracia de las virtudes y de los dones es asimismo más preciosa que el don de milagros, más que el don de lenguas y qué la profecía; porque todas esas gracias, son sólo señales  sobrenaturales en cierto modo exteriores, que pueden, es cierto, señalar el camino que lleva a Dios, pero incapaces, a diferencia de la gracia santificante, de unirnos a Él  para mejor entender cómo se han de ejercitar las diversas funciones de este organismo espiritual, debemos hablar de la gracia actual necesaria al ejercicio- de las virtudes y de los dones.

EL MODO SOBREHUMANO DE LOS DONES DEL ESPÍRITU SANTO

Habiendo expuesto detenidamente esta cuestión en otro lugar, bastarán algunas observaciones para recordar el sentido exacto de lo que sobre este punto dijimos, y precisarlo con algunas nuevas aclaraciones.

EN QUÉ SENTIDO PUEDEN LOS DONES REVESTIR DOS MODALIDADES:
LA DE LA TIERRA Y LA DEL CIELO
Muchas veces hemos recordado esta verdad incontestable: que un mismo habitus no puede tener actos cuyo objeto formal sea distinto del objeto del habitus; y hemos concedido que bajo el objeto especificativo del habitus puede haber dos modos de obrar diferentes: por ejemplo para las virtudes infusas y los dones, su modo de obrar aquí en la tierra y su modo en el cielo.
Pero hemos dicho sobre todo que un mismo habitus no puede ser principio de actos que tienen modos distintos, tales como los modos de la tierra y el del cielo, sino a condición de que el primer modo esté ordenado al segundo y caiga así debajo de un mismo objeto formal.
Ahora bien, según un opúsculo recientemente aparecido, escrito en un sentido diametralmente opuesto, los dones del Espíritu Santo tendrían, según Santo Tomás, y ya desde aquí abajo, dos modos específicamente distintos: el uno ordinario, y el otro extraordinario; y este último sería necesario para la contemplación infusa de los misterios de la fe, la que no se hallaría, de ser así, en el» camino normal de la santidad.
Nosotros le replicamos, y esto fue lo esencial de nuestra respuesta, que no podemos pasar en silencio: "Si hubiera, aquí abajo, para los dones del Espíritu Santo, dos modos específicamente distintos, uno ordinario, y el otro, no sólo eminente, sino extraordinario de hecho y por naturaleza, el acto caracterizado por el modo humano no estaría ordenado al acto cuyo modo sería sobrehumano y de por sí extraordinario.
(No estaría en efecto ordenado sino a los actos que suponen las gracias gratis data, como la profecía.) Pero es precisamente todo lo contrario: el acto de los dones ejercido aquí en la tierra está esencialmente ordenado al del cielo; ambos se encuentran (S. Tom., Quest. disp.) "in eadem serie motus", en el mismo orden de operaciones, y la última de ellas debe ser realizada, pues de ño ser así, ninguna de las que preceden conseguiría su fin.



Hariri, víctima del complot del triángulo fatídico contra Irán



En un acto extraño en la política mundial, el premier libanés, Saad Hariri, anunció el pasado 4 de noviembre su dimisión desde el territorio saudí.

El hecho provoca muchas interrogantes como ¿por qué desde Arabia Saudí? ¿Por qué ahora? ¿Qué consecuencias podría tener para El Líbano y el Oriente Medio? ¿Cuál es el rol de los saudíes en este contexto?

Hariri anuncia su dimisión

El pasado 4 de noviembre, Hariri viajó a Arabia Saudí y a través de la cadena televisiva de ese país, Al Arabiya, anunció su dimisión. En su comunicado se destacan varios puntos que son de consideración: Atacó a Irán y el Movimiento de Resistencia Islámica de El Líbano, Hezbolá por dominar su país. Dijo que lo hizo por el temor a un atentado contra su vida y que la situación es igual a la de 2005 cuando su padre, Rafiq Hariri, fue asesinado en un atentado en la capital libanesa de Beirut. Además, dijo que Arabia Saudí no interviene en los asuntos internos de su país al contrario de lo que hace Irán.

Después de sus declaraciones, surgieron rumores que ponían de relieve otra realidad, es decir, el rol saudí en asuntos internos de Beirut. Muchas fuentes como New York Times, Independent y Washington Post, publicaron informaciones acerca del arresto del premier libanés. En este sentido, Robert Fisk en un artículo publicado en el diario británico, The Independent, aseguró: “Cuando el avión de Saad Hariri aterrizó en Riad la noche del 3 de noviembre, lo primero que vio fue a un grupo de policías sauditas que rodeaban el avión. Cuando subieron a bordo, confiscaron su teléfono móvil y los de sus guardaespaldas. Así fue silenciado el primer ministro de El Líbano”. Asimismo, el presidente libanés, Michel Aoun, aseveró este miércoles que la retención del jefe del Gabinete del país árabe representa una flagrante violación de la Convención de los Derechos Humanos de Viena, y añade que ninguna circunstancia justifica que Hariri no regrese a El Líbano.

¿Un plan trilateral contra Irán?

Desde la llegada de Donald Trump a la presidencia de EEUU, en 2017, los principales rivales de Irán en la región de Oriente Medio, es decir, Arabia Saudí y el régimen israelí aprovecharon las políticas hostiles de Trump hacia Teherán para presionar y registrar un cambio de sistema en el país persa.

Los pasos importantes para materializar este objetivo se dieron con la celebración de la Cumbre de Países Islámicos en Riad donde participaron más de 50 jefes de estado y además contó con un invitado especial como Trump. Ahí acusaron a Irán de ser un actor desestabilizador en la región y abordaron diferentes opciones militares y sanciones, para aislar y limitar su influencia en Oriente Medio. Sin embargo, fracasó este primer paso por la negativa de varios países, especialmente la de Catar, algo que resultó en su boicot por parte de Egipto, Arabia Saudí, Baréin, Emiratos Árabes Unidos, entre otros.

El otro paso importante, fue la gira del secretario de Estado de EEUU, Rex Tillerson a Oriente Medio, cuyo objetivo era crear una unidad entre los israelíes y los árabes contra la influencia de Irán. Algo que se puede interpretar de sus palabras declaradas a la cadena estadounidense de noticias, NBC, cuando dijo: “Creo que hay amplia visión y amplio consenso entre todos en la región, entre todas las naciones árabes, entre (el régimen de) Israel y entre otras actividades desestabilizadoras de Irán en la región”, y añadió: “Esto tiene que ver con ponerse de pie en la unidad contra Irán en contraposición a cualquier detalle religioso particular”. Con este objetivo, Tillerson viajó primero a Arabia Saudí, a Catar, luego Irak y Afganistán. Sin embargo, el viaje tuvo un resultado muy limitado. Ni Doha, ni Bagdad aceptaron la propuesta del titular estadounidense e incluso apoyaron a las iniciativas de Irán en la región frente a Arabia Saudí.

Ante estos fracasos diplomáticos, el triángulo fatídico (Riad, Tel Aviv y Washington) pensó en golpear el frente de la Resistencia en la región, el Movimiento de Resistencia Islámica de El Líbano, Hezbolá, que se considera como aliado cercano de Irán en la lucha contra el régimen sionista. Razón por la cual, decidieron repetir la misma escena de 2005 en el país árabe para conseguir dos objetivos: perjudicar la imagen de Irán y eliminar o por lo menos debilitar a Hezoblá en el país.

Ellos decidieron que Hariri anunciara su dimisión desde fuera del Líbano con un tono agresivo y llena de acusación contra Irán y Hezbolá para provocar a los libaneses a salir a las calles contra la "intervención iraní" y el "dominio de Hezbolá", al igual que pasó hace casi 13 años en 2005 en El Líbano cuando luego del asesinato de Rafik Hariri, todos alzaron la voz contra la injerencia siria y Damasco tuvo que retirar a sus fuerzas del país. Sin embargo, no solo este plan no tuvo éxito, sino incluso el Partido del Futuro liderado por el mismo Saad Hariri y la mayoría de las figuras prominentes suníes del país, criticaron a Riad y pidieron el retorno del premier. Pero tampoco parece lógico que los saudíes y sus aliados no tengan un plan B, algo que podría ser la desestabilización de El Líbano mediante atentados y marchas hasta las próximas elecciones que se celebrarán en mayo de 2018, y echar la culpa a Hezbolá y al presidente Michel Aoun, para que los aliados de Irán queden eliminados y sus amigos lleguen al poder en este país.

Conclusión


Con todo lo expuesto, hay que señalar que el triángulo fatídico todavía no solo no ha conseguido aislar a Irán  en Oriente Medio, sino por sus malos cálculos y la mala interpretación de la situación actual de la región, ha motivado una ola negativa contra la injerencia saudí-israelí en los asuntos regionales, algo que se nota claramente hoy en la escena sociopolítica libanesa tras la dictada renuncia de Saad Hariri.

lunes, 20 de noviembre de 2017

CHINA HOY POR HOY LA PRIMERA POTENCIA MUNDIAL ECONOMICA

Xi Jinping 


Nos hemos tomado la molestia de reproducir en este blog el discurso del líder chino no porque estemos de acuerdo con el comunismo, para lo cual seguimos la doctrina perenne de la Iglesia Católica sobre este tema, en sus encíclicas donde lo anatematizan, sino para mantener actualizados a nuestros lectores de cómo se va tejiendo la trama de la tercera guerra mundial. Por otro lado la importancia de este país en lo comercial nos es conocida y también se está desarrollando una nueva potencia militar que, por hoy, ocupa el tercer lugar después de Estados Unidos y Rusia de la cual es socio incondicional. En fin se está cumpliendo, según el Apocalipsis cap. 13,  la profesía de la bestia que sale del mar y el Dragón que le da su poder, bien conocido es que este país tiene como dios al Dragón según Mons. Cristiani. De aquí parte la importancia de conocer como China se esta desarrollando tanto interna como externamente lo cual lo explica muy bien el mandatario chino.

¡Camaradas!
En nombre del XVIII Comité Central, me dispongo a presentar el siguiente informe ante el Congreso.
El XIX Congreso Nacional del Partido Comunista de China es un congreso de suma importancia que se celebra en una etapa decisiva para la culminación de la construcción integral de una sociedad modestamente acomodada y en el periodo clave en que el socialismo con peculiaridades chinas entra en una nueva época.
El tema principal de este Congreso es: conservar siempre las aspiraciones fundacionales del Partido y tener bien presente su misión; enarbolar la gran bandera del socialismo con peculiaridades chinas; lograr el triunfo definitivo en la culminación de la construcción integral de una sociedad modestamente acomodada y conquistar la gran victoria de dicho socialismo de la nueva época; y luchar incansablemente por materializar el sueño chino de la gran revitalización de la nación china.
Uno solamente puede llegar a un buen final si conserva siempre sus aspiraciones originales. Las aspiraciones originales de los comunistas chinos y su misión consisten precisamente en perseguir la felicidad del pueblo chino y conseguir la revitalización de la nación china. Estas aspiraciones y esta misión constituyen la fuerza motriz fundamental que estimula a los comunistas chinos a avanzar sin cesar. Los camaradas de todo el Partido tenemos que compartir siempre con el pueblo el mismo aliento, el mismo destino y el mismo latir del corazón, considerar en todo momento su anhelo de una vida mejor como objetivo de nuestra lucha y seguir avanzando valerosamente hacia el magno objetivo de hacer realidad la gran revitalización de la nación china, con un espíritu que jamás afloja y la intrepidez de marchar siempre adelante.
Actualmente, las situaciones interna y externa están experimentando cambios profundos y complejos, y el desarrollo de nuestro país sigue en un importante periodo coyuntural estratégico con perspectivas muy brillantes y desafíos muy serios. Todos los camaradas del Partido debemos mirar a lo lejos desde una gran altura; pensar en los eventuales peligros aun en tiempos de paz, y atrevernos a hacer cambios y a emprender innovaciones sin anquilosarnos ni estancarnos jamás en nuestro avance; y permanecer unidos al pueblo de todas las etnias del país y conducirlo para que logre el triunfo definitivo en la culminación de la construcción integral de una sociedad modestamente acomodada, y conquiste con sus esfuerzos la gran victoria del socialismo con peculiaridades chinas de la nueva época.

I. Labores realizadas y cambios históricos en los últimos cinco años

Los cinco años transcurridos desde el XVIII Congreso Nacional del Partido han sido un lustro sumamente extraordinario en el proceso de desarrollo tanto del Partido como del país. Perseverando en la tónica general del trabajo consistente en la pugna por el progreso basado en la estabilidad, ante un entorno exterior caracterizado por una economía mundial sin fuerzas para recuperarse, conflictos y agitaciones frecuentes y parciales, la agudización de los problemas globales, así como una serie de cambios profundos en el país, entre ellos la entrada del desarrollo de nuestra economía en una nueva normalidad, hemos decidido salir al encuentro de las adversidades y avanzar con un ánimo emprendedor, lo cual nos ha permitido obtener éxitos históricos tanto en la reforma y la apertura como en la modernización socialista.
Al objeto de implementar el espíritu del XVIII Congreso Nacional del Partido, su Comité Central ha celebrado siete sesiones plenarias, en las que se tomaron decisiones y se establecieron disposiciones sobre importantes cuestiones, incluidas la reforma de los organismos gubernamentales y el cambio de sus funciones, la profundización integral de la reforma, la promoción de la gobernación del país según la ley en todos los aspectos, la elaboración del XIII Plan Quinquenal y el disciplinamiento integral y riguroso del Partido. En estos cinco años, hemos impulsado con una visión de conjunto la disposición general basada en un todo compuesto por cinco elementos -la construcción económica, la política, la cultural, la social y la de la civilización ecológica- y hemos promovido coordinadamente la disposición estratégica de las "cuatro integralidades" [integralidad de la culminación de la construcción de una sociedad modestamente acomodada, de la profundización de la reforma, de la gobernación del país según la ley y del disciplinamiento riguroso del Partido]; hemos cumplido con éxito el XII Plan Quinquenal y puesto en práctica felizmente el XIII; y hemos abierto en todos los ámbitos nuevas perspectivas a la causa del Partido y del Estado.
Importantes éxitos en la construcción económica. Hemos implementado invariablemente la nueva concepción del desarrollo y hemos actuado con firmeza en el enderezamiento del concepto de desarrollo y su cambio de modalidad, lo que ha resultado en una mejora constante de su calidad y rendimiento. Se ha logrado mantener el crecimiento económico en un ritmo medio superior, velocidad que nos ha permitido situarnos en la vanguardia junto a los principales países del mundo, y el PIB ha aumentado de 54 billones de yuanes a 80 billones, incremento que nos asegura firmemente el segundo puesto mundial, superando el 30% nuestra contribución al crecimiento de la economía global. Se ha llevado adelante a fondo la reforma estructural por el lado de la oferta, se ha optimizado de continuo la estructura económica, se han desarrollado vigorosamente la economía digital y otras industrias emergentes, y se ha impulsado con celeridad la construcción de infraestructuras, entre ellas líneas férreas de alta velocidad, carreteras, puentes, puertos y aeropuertos. Gracias al firme avance de la modernización agrícola, la producción cerealera ha alcanzado los 600.000 millones de kilos. Más de 80 millones de desplazados de la agricultura se han convertido en habitantes urbanos, con lo cual la tasa anual media de urbanización se ha elevado 1,2 puntos porcentuales. La coordinación del desarrollo regional se ha incrementado, cosechándose éxitos notables en la construcción de la Franja y la Ruta, el desarrollo sinérgico de Beijing, Tianjin y Hebei, y el desarrollo de la Franja Económica del Río Changjiang. Se ha aplicado con gran energía la estrategia del desarrollo propulsado por la innovación y se han obtenido numerosos éxitos en la construcción de un país innovador, viendo sucesivamente la luz importantes logros científicos y tecnológicos, como el módulo espacial Tiangong; el batiscafo tripulado Jiaolong; el Tianyan, el mayor radiotelescopio esférico del mundo; el Wukong, un satélite explorador de partículas de materia oscura; el Mozi, un satélite de teleportación cuántica; y grandes aeronaves. Se ha promovido activamente la construcción en las islas y los arrecifes del mar de la China Meridional. Se ha completado paso a paso el nuevo régimen de economía abierta y el volumen del comercio exterior, las inversiones en el extranjero y las reservas de divisas figuran sólidamente en la primera fila mundial.
Importantes avances sustanciales en la profundización integral de la reforma. Se ha impulsado con celeridad y a paso seguro la profundización integral de la reforma, y se han eliminado resueltamente los males derivados de los diversos regímenes y mecanismos. La reforma ha desencadenado su fuerza integralmente, ha protagonizado avances sustanciales en múltiples puntos y ha sido promovida en profundidad; su carácter sistémico, holístico y sinérgico se ha reforzado marcadamente, y su amplitud y profundidad se han extendido de manera gradual, a cuyo fin se han hecho públicas más de 1.500 medidas; se han registrado avances rompedores en la reforma de importantes terrenos y eslabones claves, y se ha establecido básicamente su marco fundamental en los principales ámbitos. Gracias a todo ello, el sistema del socialismo con peculiaridades chinas se ha perfeccionado aún más, el nivel de modernización de los sistemas y de la capacidad para gobernar el país se ha elevado ostensiblemente, y el vigor del desarrollo y de la innovación del conjunto de la sociedad se ha acrecentado a ojos vistas.
Importantes pasos en el fomento de la democracia y del imperio de la ley. Se ha desarrollado activamente la política democrática socialista; se ha impulsado la gobernación integral del país conforme a la ley; se ha fortalecido en todos los aspectos la construcción institucional de la integración orgánica de la dirección del Partido, la condición del pueblo como dueño del país y la gobernación de este según la ley; el régimen y el mecanismo de la dirección partidaria se han perfeccionado de continuo; la democracia socialista se ha desarrollado constantemente, la democracia interna del Partido se ha ampliado en mayor medida y la democracia consultiva socialista se ha desplegado en todos los sentidos; y el frente único patriótico se ha consolidado y desarrollado, y el trabajo relativo a las minorías étnicas y a las religiones se ha llevado adelante con un espíritu innovador. Se han impulsado en profundidad el establecimiento científico de leyes, su ejecución rigurosa, el ejercicio imparcial de la justicia y el cumplimiento de las mismas por todo el pueblo; la construcción de un Estado, la de un gobierno y la de una sociedad regidos por la ley se han promovido recíprocamente; el sistema del imperio de la ley del socialismo con peculiaridades chinas ha mejorado cada día más y la concienciación del conjunto de la sociedad sobre el imperio de
la ley se ha fortalecido visiblemente. Se han logrado resultados concretos en el ensayo de la reforma del régimen estatal de control y se han aplicado efectivamente la reforma del régimen administrativo, la reforma del judicial y la construcción del sistema de contención y supervisión del funcionamiento del poder.
Importantes progresos en la construcción ideológica y cultural. Se ha fortalecido la dirección del Partido sobre el trabajo ideológico y se ha impulsado la innovación teórica del Partido en todos los aspectos; se ha dado mayor relevancia a la posición rectora del marxismo en el terreno ideológico; el socialismo con peculiaridades chinas y el sueño chino han penetrado hondamente en la conciencia de la gente; los valores socialistas esenciales y la excelente cultura tradicional china se han difundido vastamente; y las actividades de masas fomentadoras de la civilización espiritual se han desplegado con solidez. El nivel de los servicios culturales públicos ha mejorado sin cesar, en la creación literaria y artística ha prevalecido un florecimiento constante, las actividades e industrias culturales se han desarrollado con vigor, la construcción, la administración y la utilización de la internet se han perfeccionado de continuo, y el fortalecimiento de la salud de todo el pueblo y los deportes de competición se han desarrollado en todas direcciones. La tónica dominante ha sonado más alto, las energías positivas han cobrado mayor fuerza, la convicción en nuestra cultura ha adquirido una mayor relevancia, el poder cultural blando del país y la influencia de la cultura china han crecido en gran medida, y la cohesión y unidad ideológica de todo el Partido y toda la sociedad se ha consolidado aún más.
Mejora continua de las condiciones de vida del pueblo. Se ha implementado a fondo el pensamiento del desarrollo centrado en el pueblo y se han puesto en práctica múltiples medidas en su favor, por lo que su sensación de resultar beneficiado es claramente mayor. En la batalla del acometimiento de lo más duro en la liberación de la pobreza se han hecho progresos decisivos, liberándose de ella de forma sólida a más de 60 millones de personas y descendiendo el índice de recuento de la pobreza del 10,2%a menos del 4%. La educación se ha desarrollado en todos los aspectos y su fomento en las regiones centrales y occidentales, así como en las zonas rurales, se ha fortalecido visiblemente. El empleo ha mejorado de continuo y en las ciudades y los poblados se han creado una media anual de más de 13 millones de puestos de trabajo. El ritmo de crecimiento de los ingresos de las poblaciones urbana y rural ha sobrepasado el del crecimiento económico, y el grupo poblacional con rentas medias ha experimentado una ampliación constante. Se ha establecido básicamente un sistema de seguridad social que cubre tanto a la población urbana como a la rural, el nivel de salud del pueblo y el de los servicios médico-sanitarios se han elevado en gran medida, y la construcción de viviendas de protección social se ha llevado adelante con pasos seguros. El sistema de la gobernanza social ha mejorado aún más, la situación social se ha mantenido estable en su conjunto y la seguridad nacional se ha fortalecido integralmente.
Resultados notorios en la construcción de la civilización ecológica. Hemos promovido con gran energía la construcción de la civilización ecológica, a resultas de lo cual la conciencia y la iniciativa de todo el Partido y todo el país en lo referente a la implementación de la concepción del desarrollo ecológico han experimentado un claro fortalecimiento, y se observa un cambio muy visible con respecto al descuido de la protección ecológica. Se ha acelerado la creación de un sistema institucional para la civilización ecológica, se ha completado paso a paso el sistema de las zonas con funciones prioritarias y se ha impulsado activamente el ensayo del régimen de parques nacionales. Asimismo, se ha promovido con eficacia el ahorro integral de recursos y la intensidad del consumo de energía y recursos ha descendido en gran medida. Se han llevado exitosamente adelante importantes proyectos de protección y rehabilitación ecológica, y la cobertura forestal no ha hecho más que ampliarse continuamente. El saneamiento del entorno ecológico se ha fortalecido a ojos vistas, lo que ha propiciado la mejora del medioambiente. CONTINUARA....


JUANA TABOR 666. HUGO WAST


La muerte no les dio tiempo, mas fue la de ellos.
Ese año, en 1993, murieron súbitamente ambos emperadores; el uno de viejo, el otro en lo mejor de su edad a causa de un accidente de aviación.
El nuevo emperador, Otón V, se condolió del infortunio de las tres princesas hijas de Carlos Alberto; se fue a Roma, se instaló en el Quirinal, y dijo a Clotilde, la mayor:
—Si quieres ser mi mujer serás emperatriz del mayor imperio de todos los siglos.
—Tú eres casado ya —le contestó Clotilde.
— ¡No importa! El papa anulará mi matrimonio. Estoy harto de esa mula polaca que no sabe tener hijos.
— ¿Y si el papa no anulara tu matrimonio?
—Me casaría lo mismo.
—Yo no —respondió la princesa y le volvió la espalda.
Pero Otón V, instalado en el Quirinal, aprisionó a la joven y llenó de tropas la península. También a él le gustaba repetir la historia hecha por otros reyes y emperadores.
Y dijo a Margarita, la segunda de las hijas de Carlos Alberto:
—Si quieres ser mi mujer serás la más gloriosa emperatriz del mundo.
—No quiero —respondió la princesa— tú eres casado.
Entonces Otón V habló a la tercera de las princesas, Ágata, que no tenía más de quince años y era ambiciosa y locuela:
— ¿Quieres ser la más poderosa emperatriz del mundo?
—Sí, quiero —contestó la muchacha.
Y se casaron en Roma con la bendición de un obispo luterano, porque el papa no consintió en separar lo que Dios había unido.
Eso ocurrió a fines del año, cuando según los sagrados y misteriosos libros de la Cábala ya existía en alguna parte del mundo un joven que sería el Anticristo.
¿Dónde vivía?
De Otón V —dueño y señor del Santo Imperio Romano Germánico, que tenía dos capitales, Berlín y Roma— dijeron algunos que debía de ser el Anticristo; y él mismo, por su parte, sentía en sus venas furores satánicos.
Más era feo e hirsuto como un lobo.
—No puede ser el Anticristo —explicaban los exegetas— porque el mayor enemigo de Cristo será el mancebo más hermoso que hayan visto las estrellas.
Apasionadas discusiones se abrieron en todo el mundo acerca de la personalidad del Anticristo y de la posibilidad de que aquellos años fueran los últimos de la humanidad.
Muchos creían ya inminente el advenimiento de N. S. Jesucristo en gloria y majestad, y como el labrador que espía los brotes de la higuera para saber si está próximo el verano, ellos espiaban en la tierra, en el cielo y en las almas las señales que el mismo Jesús dio de su segunda venida, a fin de que se encontraran preparados.
La restauración de Jerusalén sería una de esas señales, porque estaba escrito que su destrucción duraría hasta que se cumpliese el tiempo de las naciones, es decir que si alguna vez se restauraba el templo y el trono de David, sería cuando la humanidad estuviese tocando los umbrales del Apocalipsis.
Un astrónomo anunció, y no fue creído, que se produciría una extraña conjunción de astros, tal como aquella que en los comienzos de nuestro planeta hizo variar en 23½ grados el eje de la tierra con relación a la eclíptica.
El nuevo fenómeno ocurriría en el año 2000. La tierra recobraría su posición primitiva, lo cual introduciría un trastorno apocalíptico en su estructura.
Aunque la gente se mofó de eso como de un desvarío, muchos matemáticos se pusieron a calcular de qué modo cambiaría la posición de las aguas, en la hipótesis de que ocurriera semejante rectificación del eje de la tierra.
Y se publicaron libros explicando cuáles naciones quedarían sumergidas y qué mares u océanos se convertirían en tierras firmes; qué volcanes entrarían de nuevo en actividad, y qué ríos se agotarían como menguados arroyos en tiempos de sequía.
De donde nació la costumbre de preguntarse unos a otros en qué lugar del mundo instalarían sus moradas.
Pero había otras dos señales bien manifiestas en los libros santos que deberían cumplirse antes del fin: primeramente, la reunión de todos los judíos en una sola patria; después, su conversión en masa a la fe de Cristo.
Su libro sagrado, el Talmud, afirma en tres pasajes que el mundo no durará más de seis mil años, como representación de los seis días que Dios trabajó en hacerlo, ya que mil años a sus ojos no son más que un día.
Aquí discutían los intérpretes católicos si la conversión de los judíos se realizaría antes o después del Anticristo.
Cierta opinión, apartándose de antiguas interpretaciones, afirma que tal conversión sólo tendrá lugar después del Anticristo, puesto que primeramente los judíos lo recibirán como al Mesías prestándole adoración.
Su desengaño y su conversión en masa —según estos intérpretes— sólo ocurrirá cuando el “hombre de pecado” sea vencido y aniquilado por Cristo.
Pero estaba escrito que la Iglesia Católica, que ha salido victoriosa de tantos cismas, aún tendría que sufrir la “abominación de la desolación”, o sea una apostasía casi general y la adoración del Anticristo en el templo mismo de Dios.
Postrera y segura señal de los últimos tiempos.
Entonces los hombres, despavoridos, verán encenderse en el cielo la Cruz del Señor, y al Hijo del Hombre llegar sobre las nubes con gran poder y majestad a juzgar a los vivos y a los muertos.

CAPÍTULO XI
La Muerte del Papa
Una tarde, en la segunda semana del cálido mes de veadar, el decimotercero del año correspondiente al febrero antiguo, en esa hora triste en que las iglesias se llenan de sombras, fray Plácido ascendió una gastada escalera de ladrillos buscando a fray Simón, que se encerraba en el coro para tocar el órgano.
El superior de los gregorianos era un excelente músico; mas ponía en sus ejecuciones tal diabólica vehemencia que daba escalofríos, por lo cual irritábale que lo escuchasen y lo había prohibido, pero esa vez fray Plácido creyóse autorizado a violar el mandato.
Mientras se aproximaba oía aquellos compases de la marcha fúnebre de Beethoven, que hacen pensar en el ruido de las rótulas que golpearán la tapa de los féretros el día de la resurrección.
No se amedrentó y empujó la puerta con osadía. La radio Vaticana acababa de propalar una grave novedad: el papa Pío XII, el Pastor Angelicus anunciado por San Malaquías, había muerto a los 116 años.
Según esta profecía, que unos miran como inspirada y otros como apócrifa, después del Pastor Angelicus no habrá más que seis papas; luego la humanidad entrará en su grandioso final con la Parusía, esto es, la segunda venida de Cristo al mundo.
Ahora se reuniría el cónclave para elegir el sucesor, a quien le correspondía el lema de Pastor et Nauta. (Pastor y navegante).
Puesto que no quedaban muchos años hasta el 2000, en que algunos piensan reinará el Anticristo, era de imaginar que los seis papas últimos desaparecerían poco después de consagrados.
En la historia eclesiástica hay ejemplos de pontífices de brevísimo pontificado.
Sin contar algunos de ellos (Esteban II, siglo VIII; Juan XV, siglo X; Celestino IV, siglo XIII; y Urbano VII, siglo XVI) que murieron a los pocos días de ser electos sin llegar a consagrarse; once no alcanzaron a reinar un mes y son cuarenta y cuatro los que no cumplieron el año.
Podría pues ocurrir que en el breve lapso que faltaba se sucedieran cinco o seis papas
Después de Pastor et Nauta vendría Flor Florum (Flor de las flores).
Según los intérpretes de la profecía el reinado de ambos sería un corto tiempo de penitencia, para que los católicos se preparasen a las últimas persecuciones y a la victoria definitiva.
Durante ese tiempo el catolicismo penetraría en las más hostiles y cerradas regiones de la tierra y de las almas, y empezaría la conversión del pueblo judío anunciada por San Pablo con palabras que encierran una promesa magnífica.
A Flor Florum le sucedería el anunciado así: De Medietate Lunæ (De la media luna), en cuya época se alzaría un antipapa, origen del gran cisma pronóstico seguro del fin del mundo. Tal vez el lema significaría el apogeo del nuevo imperio de la Media Luna. Sí se piensa que esta profecía data del siglo XII y que hasta ahora parece haberse realizado puntualmente, el anuncio de un resurgimiento de Mahoma, enemigo de Cristo, ha de inquietar a las almas porque vaticina un período de espantosas persecuciones. Los últimos tres papas desaparecerían vertiginosamente.
Uno de ellos, De Labore Solis (Del trabajo del sol), sería asesinado por orden o por mano del Anticristo, y durante tres años y medio la Iglesia perseguida se refugiaría en los desiertos.
Los cardenales lograrían reunirse en Jerusalén, y tras laboriosísimo cónclave, elegirían al penúltimo de los papas, probablemente un judío convertido cuyo lema en la profecía es De Gloria Olivæ (Del esplendor del olivo), en cuyo tiempo se consumaría la conversión de Israel. La alusión al olivo, símbolo bíblico del pueblo hebreo, robustece la idea de que este papa será de estirpe judía.
Estarán ya sonando las campanas del año 2000.
El Anticristo, señor del mundo entero, verá de pronto una colosal rebelión de naciones en los tiempos del último papa, llamado por San Malaquías Petrus Romanus, o sea Pedro II.
Éste presenciará la aparición de la cruz luminosa sobre el campo de Armagedón y la derrota del Anticristo, a quien el Señor aniquilará sin golpe de arma y solamente con el soplo de su divina boca...
Todas estas visiones presentáronse de golpe ante la imaginación de fray Plácido.
La radio vaticana había trasmitido un detalle de especial interés: el papa había muerto con la pluma en la mano, acabando de firmar dos decretos.
Por uno de ellos rechazaba la constitución de los caballeros templarios. Por el otro aprobaba una nueva orden religiosa, la de los ensacados limosneros, cuyas acciones son todas una oración impetrando el segundo advenimiento de Cristo, a fin de merecer la corona que el apóstol anuncia estar reservada para todos los que ansíen su venida.
Tan absorto se hallaba en su música el superior, que no sintió llegar a fray Plácido.
Éste no le habló de pronto, pues advirtió que la iglesia no estaba totalmente desierta.
Un fantasma evocado por aquella música infernal se movía cerca del presbiterio.
Ya en otra ocasión, mientras fray Simón tocaba el órgano, vio esa misma sórdida figura que desapareció al extinguirse las notas.
Aquella primera vez el superior le había preguntado con alarma:
— ¿Ha visto V. R. algo?
—Sí, padre; he visto un viejo de barbas amarillas.
El superior hizo una mueca de fastidio y murmuró entre dientes:
—Siempre esta música de Beethoven me evoca a Sameri.
— ¿Quién es Sameri?
El superior no contestó.

Fray Plácido, picado en su curiosidad, se encerró en la biblioteca y leyó viejísimos libros en latín hasta que dio con una explicación, que podía ser una historia o una leyenda.