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viernes, 16 de febrero de 2018

CONFESIONES DE SAN AGUSTIN




Había un peral en las inmediaciones de nuestra viña cargado de peras, que ni por el aspecto ni por el sabor tenían nada de tentadoras. Unos cuantos jóvenes viciosos nos encaminamos a él, a hora intempestiva de la noche –pues hasta entonces habíamos estado jugando en las eras, según nuestra mala costumbre–, con ánimo de sacudirle y cosecharle. Y llevamos de él grandes cargas, no para saciarnos, sino más bien para tener que echárselas a los puercos, aunque algunas comimos, siendo nuestro deleite hacer aquello que nos placía por el hecho mismo de que nos estaba prohibido.
He aquí, Señor, mi corazón; he aquí mi corazón, del cual tuviste misericordia cuando estaba en lo profundo del abismo. Que este mi corazón te diga qué era lo que allí buscaba para ser malo gratuitamente y que mi maldad no tuviese más causa que la maldad. Fea era, y yo la amé; amé el perecer, amé mi defecto, no aquello por lo que faltaba, sino mi mismo defecto. Torpe alma mía, que saltando fuera de tu base ibas al exterminio, no buscando algo por medio de la ignominia, sino la ignominia misma.
VI,13. Porque la soberanía imita la altura, mas tú eres el único que estás sobre todas las cosas, ¡oh Dios excelso! Y la ambición, ¿qué busca, sino honores y gloria, siendo tú el único sobre todas las cosas digno de ser honrado y glorificado eternamente? La crueldad de los tiranos quiere ser temida; pero ¿quién ha de ser temido, sino el solo Dios, a cuyo poder nadie, en ningún tiempo, ni lugar, ni por ningún medio puede sustraerse ni huir? Las caricias de los desenfrenados buscan ser amadas; pero nada hay más cariñoso que tu caridad, ni que se ame con mayor provecho que tu verdad, sobre todas las cosas hermosa y resplandeciente. La curiosidad parece tratar de alcanzar el cultivo de la ciencia, siendo tú quien conoce en sumo grado todas las cosas. Hasta la misma ignorancia y la estupidez se cubren con el nombre de sencillez e inocencia, porque no hallan nada más Sencillo que tú; ¿y qué más inocente que tú, que aun el daño que reciben los malos les viene de sus malas obras? La flojera desea hacerse pasar por descanso; pero ¿qué descanso cierto hay fuera del Señor? El lujo desea ser llamado saciedad y abundancia; pero tú solo eres la plenitud y la abundancia indeficiente de eterna suavidad. El derroche se oculta bajo el aspecto de generosidad; pero sólo tú eres el verdadero y generosísimo dador de todos los bienes. La avaricia quiere poseer muchas cosas; pero tú solo las posees todas. La envidia compite por la excelencia; pero ¿qué hay más excelente que tú? La ira busca la venganza; ¿y qué venganza más justa que la tuya? El temor se espanta de las cosas repentinas e insólitas, contrarias a lo que uno ama y desea tener seguro; mas ¿qué en ti de nuevo lo repentino?, ¿quién hay que te arrebate lo que amas? y ¿en dónde sino en ti se encuentra la firme seguridad? La tristeza se abate con las cosas perdidas, con que solía gozarse la codicia, y no quisiera se le quitase nada, como nada se te puede quitar a ti.
14. Así es como fornica el alma: cuando se aparta de ti, busca fuera de ti lo que no puede hallar puro y sin mezcla sino cuando vuelve a ti.
Torcidamente te imitan todos los que se alejan y alzan contra ti. Pero aun imitándote así indican que tú eres el Creador de toda criatura y, por tanto, que no hay lugar adonde uno se aparte de modo absoluto de ti.
Pues ¿qué fue entonces lo que yo amé en aquel huerto o en qué imité, siquiera viciosa y torcidamente, a mi Señor? ¿Acaso fue el deleitarme actuando engañosamente contra la ley, realizando impunemente lo que estaba prohibido, para que yo, cautivo de una libertad defectuosa, imitara una imagen oscurecida de tu omnipotencia, ya que  no podía con mi poder? He aquí al siervo que, huyendo de su señor, consiguió la sombra. ¡Oh podredumbre! ¡Oh monstruo de la vida y abismo de la muerte! ¿Es posible que me fuera grato lo que no me era lícito, y no por otra cosa sino porque no me era lícito?
VII,15. ¿Qué daré en retorno al Señor por poder recordar mi memoria todas estas cosas sin que tiemble ya mi alma por ellas? Te amaré, Señor, y te daré gracias y confesaré tu nombre por haberme perdonado tantas y tan nefastas acciones mías. A tu gracia y misericordia debo que hayas deshecho mis pecados como hielo y no haya caído en otros muchos. ¿Qué pecados realmente no pude yo cometer, yo, que amé gratuitamente el crimen? Confieso que todos me han sido ya perdonados, así los cometidos voluntariamente como los que dejé de hacer por tu favor. ¿Quién hay de los hombres que, conociendo su debilidad, atribuya a sus fuerzas su castidad y su inocencia, para por ello amarte menos, como si hubiera necesitado menos de tu misericordia, por la que perdonas los pecados a los que se convierten a ti? Que aquel, pues, que, llamado por ti, siguió tu voz y evitó todas estas cosas que lee de mí, y yo recuerdo y confieso, no se ría de mí por haber sido sanado estando enfermo por el mismo médico que le preservó a él de caer enfermo; o más bien, de que no enfermara tanto. Antes, sí, debe amarte tanto y aún más que yo; porque el mismo que me sanó a mí de tantas y tan graves enfermedades, ése mismo le libró a él de caer en ellas.
X,18. (...) Yo me alejé de ti y anduve errante, Dios mío, muy fuera del camino de tu estabilidad allá en mi adolescencia y llegué a ser para mí región de indigencia.
LIBRO TERCERO
I,1. Llegué a Cartago, y por todas partes chisporroteaba en torno mío un hervidero de amores impuros. Todavía no amaba, pero amaba amar y con secreta indigencia me odiaba a mí mismo por verme menos indigente.
Buscaba qué amar amando amar y odiaba la seguridad y la senda sin peligros, porque tenía dentro de mí hambre del alimento interior, de ti mismo, ¡oh Dios mío!, aunque esta hambre yo no la sentía; más bien estaba sin apetito alguno de los alimentos incorruptibles, no porque estuviera lleno de ellos, sino porque, cuanto más vacío, tanto más hastiado me sentía. Y por eso mi alma no se hallaba bien, y, herida, se arrojaba fuera de sí, ávida de restregarse miserablemente con el contacto de las cosas sensibles, las cuales, si no tuvieran alma, no serían ciertamente dignas de amor.
Amar y ser amado era la cosa más dulce para mí, sobre todo si podía gozar del cuerpo de la persona amada. De este modo manchaba la fuente de la amistad con las inmundicias de la concupiscencia y obscurecía su claridad con los infernales vapores de la lujuria. Y con ser tan torpe y deshonesto, deseaba con afán, rebosante de vanidad, pasar por elegante y cortés.
Caí también en el amor en que deseaba ser cogido. Pero, ¡oh Dios mío, misericordia mía, con cuánta amargura no rociaste aquella mi suavidad y cuán bueno fuiste en ello! Porque al fin fui amado, y llegué secretamente al vínculo del placer, y me dejé amarrar alegre con molestas ataduras, para ser luego azotado con las varas candentes de hierro de los celos, sospechas, temores, iras y contiendas.
III,6. Aquellos estudios que se llaman honestos tenían por objetivo las contiendas del foro, para hacer sobresalir en ellas, en las que, entre más se engaña, más se es alabado. ¡Tanta es la ceguera de los hombres, que hasta de, su misma ceguera se glorían! Y ya había llegado a ser «el mayor» de la escuela de retórica y me gozaba de ello soberbiamente y me hinchaban de orgullo.
Con todo, tú sabes, Señor, que era mucho más calmado que los demás y totalmente ajeno a las perversiones de los trastornados –nombre siniestro y diabólico que ha logrado convertirse en distintivo de urbanidad–, y entre los cuales vivía con impúdico pudor, por no como ser uno de ellos. Es verdad que andaba con ellos y me gozaba a veces con sus amistades, pero siempre aborrecí sus hechos, esto es, las revueltas con que impúdicamente sorprendían y ridiculizaban la candidez de los novatos, sin otro fin que el de tener el gusto de burlarles y apacentar a costa ajena sus malévolas alegrías. Nada hay más parecido que este hecho a los hechos de los demonios, por lo que ningún nombre les cuadra mejor que el de trastornados o perversores, por ser ellos antes trastornados y pervertidos totalmente por los espíritus malignos, que así los burlan y engañan, sin saberlo, en aquello mismo en que desean reírse y engañar a los demás.
IV,7. Entonces, en tan frágil edad, entre estos tales, yo estudiaba los libros de la elocuencia, en la que deseaba sobresalir con el fin condenable y vano de satisfacer la vanidad humana. Mas, siguiendo el orden usado en la enseñanza de tales estudios, llegué a un libro de un cierto Cicerón, cuyos lenguajes casi todos admiran, aunque no así su contenido. Este libro contiene una exhortación suya a la filosofía, y se llama el Hortensio. Tal libro cambio mis afectos y mudó hacia ti, Señor, mis súplicas e hizo que mis votos y deseos fueran otros. De repente apareció a mis ojos viles toda esperanza vana, y con el increíble ardor de mi corazón suspiraba por la inmortalidad de la sabiduría, y comencé a levantarme para volver a ti.
Porque no era para suplir el estilo –que es lo que parecía que yo debía comprar con los dineros de mi madre en aquella edad de mis diecinueve años, haciendo dos que había muerto mi padre–; no era, repito, para pulir el estilo para lo que yo empleaba la lectura de aquel libro, ni era la elocuencia lo que a ella me incitaba, sino lo que decía.
8. ¡Cómo ardía, Dios mío, cómo ardía en deseos de remontar el vuelo desde las cosas terrenas hacia ti, sin que yo supiera lo que entonces tú obrabas en mí! Porque en ti está la sabiduría. Y el amor a la sabiduría tiene un nombre en griego, que se dice filosofía, al cual me encendían aquellas páginas. No han faltado quienes han engañado sirviéndose de la filosofía, coloreando y encubriendo sus errores con nombre tan grande, tan dulce y
honesto. Mas casi todos los que en su tiempo y en épocas anteriores hicieron tal están indicados y descubiertos en dicho libro. También se pone allí de manifiesto aquel saludable aviso de tu Espíritu, dado por medio de tu siervo bueno y piadoso [Pablo]: Ved que no os engañe nadie con vanas filosofías y argucias seductoras, según la tradición de los hombres, según la tradición de los elementos de este mundo y no según Cristo, porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad.
Mas entonces –tú lo sabes bien, luz de mi corazón–, como aún no conocía yo el consejo de tu Apóstol, sólo me deleitaba en aquella exhortación que me excitaba, encendía e inflamaba con su palabra a amar, buscar, lograr, retener y abrazar fuertemente no esta o aquella escuela, sino la Sabiduría misma, dondequiera estuviese. Sólo una cosa enfriaba tan gran incendio, y era el no ver allí escrito el nombre de Cristo. Porque este nombre, Señor, este nombre de mi Salvador, tu Hijo, lo había yo por tu misericordia bebido piadosamente con la leche de mi madre y lo conservaba en lo más profundo del corazón; y así, cuanto estaba escrito sin este nombre, por muy verídico, elegante y erudito que fuese, no me arrebataba del todo.
V,9. En vista de ello decidí aplicar mi ánimo a las Santas Escrituras y ver qué tal eran. Mas he aquí que veo algo no hecho para los soberbios ni clara para los pequeños, sino en la entrada baja y sublime en su interior y velada por los misterios, y yo no era tal que pudiera entrar por ella o agachar la cabeza a su ingreso. Sin embargo, al fijar la atención en ellas, no pensé entonces lo que ahora digo, sino simplemente me parecieron indignas de parangonarse con la majestad de los escritos de Tulio. Mi hinchazón rechazaba su estilo y mi mente no penetraba su interior. Con todo, ellas eran tales que habían de crecer con los pequeños; mas yo me negaba a ser pequeño e, hinchado de soberbia, me creía grande.

lunes, 18 de diciembre de 2017

Donald Trump: cuando 'el pez muere por la boca'


A los que alguna vez dudamos sobre el contenido moral y espiritual del término ser 'buen judío', ahora nos queda claro, después de anunciar el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, que Donald "Trump es verdadero judío... siempre ha sido nuestro".

La zorra orinó en el mar y dijo: 'Todo es mi orina'
(proverbio sumerio)

Toda la retórica electoral de Trump, con el 'Primero América', se desvanece en seguida al ser reemplazada por la de 'Primero Israel'. También, al reconocer Jerusalén como capital de Israel aclara el 'falso positivo' creado por la CIA y los medios de comunicación globalizados a su disposición de que el actual mandatario estadounidense era "producto de la Rusia de Putin".
Resulta que el supuesto masón Donald Trump aclaró ya en 2015: "He sido leal a Israel desde que nací" (The Algemeiner, Jewish and Israel News, 04-09-2015). Su hija Ivanka se convirtió al judaísmo en 2009. La Coalición de Judíos Republicanos proclamó desde hace tiempo a Trump como uno de los 'mejores amigos de Israel' y los poderosos cabilderos del Comité de Asuntos Públicos EEUU-Israel (AIPAC), mientras apoyaban aparentemente a Hillary Clinton, estaban dando un fuerte aporte financiero al 'verdadero judío', Donald Trump, a cambio de su reconocimiento de Jerusalén como la capital de Israel.
Todo se hace en familia, pero lo único que no calcularon Netanyahu y los cabilderos proisraelíes estadounidenses, contagiados por la retórica de Trump, fue que declarar al inquilino de la Casa Blanca como 'verdadero judío' haría mucho daño tanto al judaísmo como al prestigio del presidente en su propio país.
No es ningún secreto que la mayoría de los ciudadanos que votaron por Trump no esconden su rechazo al aplastante poder financiero de los judíos en EEUU. El semanario American Free Press, que ha estado denunciando siempre el rol del capital judío de Rothschild, Soros y Adelson en la política de Washington, se quedó perplejo por un tiempo y sin comentarios.
A la vez, la elevación a Trump al estatus de 'verdadero judío' a nivel internacional significa identificar al representante de este grupo privilegiado con un ser humano de conducta errática, un fanfarrón que habla sin pensar, que lanza amenazas matonescas a diestra y siniestra, insulta a los líderes de otros países con facilidad, que tiene hábitos dictatoriales, que no muestra ni un mínimo de respeto a la legalidad internacional y toma al mundo entero como un campo de experimentos geopolíticos sin calcular las consecuencias.
Si esto se llama ser un 'judío verdadero', líbranos Dios de sus representantes. Según American Free Press, la decisión de Trump respecto a Jerusalén hará un gran daño a EEUU y no va a ser ningún 'camino a la paz', como lo anunció Netanyahu. Será al revés, el traslado de la Embajada norteamericana de Tel Aviv a Jerusalén, la ciudad llamada por los musulmanes Al Quds, impulsará la 'Tercera Intifada' (rebelión), como ya lo declaró el líder del Movimiento de Resistencia Islámica de El Líbano, Sayed Hasan Nasrolá.
Seguro que Donald Trump ni sabe que la 'Primera Intifada' contra la ocupación de la Franja de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este que duró seis años (1987-1993) puso en jaque la vida en Israel y costó la vida a más de 1,100 palestinos y a un centenar de soldados israelíes. Durante la 'Segunda Intifada' (2000-2008), cuyo pretexto fue la visita a la Explanada de las Mezquitas del entonces primer ministro de Israel, Ariel Sharon, se contabilizaron 6.500 bajas entre los palestinos y entre ellos 1.076 niños y más de 1.000 judíos perdieron la vida.
La decisión irresponsable de Trump sobre Jerusalén, que ni Ronald Reagan, George H. W. Bush, Bill Clinton, George W. Bush ni Barack Obama se atrevieron a poner en práctica, tratando de aplazarla bajo diferentes pretextos calculando sus consecuencias, podría incendiar Oriente Medio de nuevo.
Sin embargo, los asesores principales de Trump designados a la vez por el presidente para resolver un posible conflicto en la región, su yerno Jared Kushner, Jason Greenblatt y el embajador de EEUU en Tel Aviv, David Friedman, le aseguraron que no pasará nada y que la reacción de la mayoría de los países musulmanes no iba a ir más allá de la controlada quema de banderas por algunos cientos de indignados. Arabia Saudí, Egipto y Jordania, por su parte, ya prometieron a Washington no crear una crisis energética como la de 1973, cuando los países árabes impusieron un embargo petrolero a EEUU por su apoyo militar a Israel.
En estas condiciones, Trump ha tenido un camino despejado para 'ordenar' el traslado de la capital de Israel a Jerusalén. Pero hay que conocer la mentalidad del presidente de EEUU desde el punto de vista de un 'verdadero judío'. Por recibir esta autorización, Israel tuvo que comprometerse a comprar el 75% de su armamento en Norteamérica y solo el 25% podría ser 'Made in Israel'. Teniendo en cuenta que Tel Aviv está entre los 10 exportadores de armas más importantes en el mundo, en cuya producción está envuelto el 15% de su Población Económicamente Activa (PEA), este acuerdo entre Washington y Tel Aviv resulta no tan gratis, especialmente de parte del 'verdadero judío'.
Así es el negocio para Donald Trump, y si Israel quiere tener ventajas geopolíticas, tiene que pagar también, puesto que 'Business is Business' y nada es gratis.

Parece que el hecho de atreverse en relación a Israel tomó por sorpresa al propio Trump y lo hizo envalentonarse aún más cuando el pasado 9 de diciembre hizo su célebre anuncio sobre el 'excepcionalismo' estadounidense. El mandatario de EEUU declaró: "Somos la nación que construyó el Canal de Panamá, ganamos dos guerras mundiales, mandamos al hombre a la luna y pusimos de rodillas al comunismo".
Lo del Canal de Panamá ya produjo muchas burlas en junio pasado cuando, durante el encuentro con su colega panameño Donald Trump, se atribuyó la construcción del canal diciendo: "Nos quedó bien construido el Canal de Panamá, hicimos un buen trabajo, ¿cierto?". A lo que Juan Carlos Varela contestó rápidamente: "Sí hace más de 100 años".
Recalcar que EEUU ganó la Primera Guerra Mundial representa un total desconocimiento de la historia. La guerra comenzó en 1914 y duró hasta el final de 1918, mientras que EEUU mantuvo la neutralidad hasta el abril de 1917 después de interceptar una misiva de Alemania al Gobierno de México solicitando su entrada en guerra a cambio de hacer devolverles a los mexicanos Texas, Arizona y Nuevo México, conquistados en el Siglo XIX por su vecino del norte.
La Segunda Guerra Mundial comenzó en 1939 y terminó en 1945. La Unión Soviética, Reino Unido y Estados Unidos firmaron un acuerdo sobre el Segundo Frente en Europa en 1942, pero los estadounidenses desembarcaron en Normandía el 6 de junio de 1944, cuando ya se intuía la pronta derrota del fascismo.
Respecto a Rusia, no fueron exactamente los norteamericanos quienes "pusieron de rodillas al comunismo", sino los mismos soviéticos. Erich Honecker, el presidente de la República Democrática Alemana (1976-1989), recalcó en su libro 'El Diario de Cárcel' que "todo comenzó cuando el secretario de ideología del Comité Central del Partido Comunista de la URSS, Yakovlev, declaró que Marx tuvo culpa de todo. En 1917, con la llegada de Lenin a Rusia, comenzó la catástrofe mundial… con la llegada al poder, Gorbachov capituló como el secretario general y destruyó todo el Partido Comunista y se convirtió en una marioneta de EEUU". Por supuesto, 2.000 asesores estadounidenses ayudaron a Yeltsin posteriormente a destruir definitivamente el socialismo, pero el protagonismo decisivo en la desintegración del país pertenece a los mismos soviéticos.
Nadie en realidad toma en serio estas bufonadas de Trump, ni siquiera los medios de comunicación estadounidenses, que dicen avergonzados que, mientras Donald Trump hacía declaraciones sobre la victoria en Siria, desde Washington, el presidente de Rusia, Vladímir Putin, estaba presente en Siria.
En Rusia, las declaraciones fanfarronescas de Trump lo identificancon la fábula sobre la mosca que estuvo posada todo el día sobre el lomo de un toro que estaba arando. Al caminar el toro de retorno a su establo, se le acercó otra mosca y la preguntó: '¿qué has hecho, hermana?'. Y la mosca del toro le contestó: 'estuve arando todo el día porque sin mí el toro no hubiera podido terminar el trabajo'.
El presidente de EEUU representa en realidad a esta mosca que a la vez tiene la capacidad de transformarse en tábano, cuyas picaduras son molestas y dolorosas.


LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DEL BLOG

Confesiones de San Agustín


XV, 24. Escucha, Señor, mi oración, a fin de que no desfallezca mi alma bajo tu disciplina ni me canse en confesar tus misericordias, con las cuales me sacaste de mis pésimos caminos, para serme más dulce que todas las dulzuras que seguí, y así te ame fortísimamente, y estreche tu mano con todo mi corazón, y me libres de toda tentación hasta el fin. He aquí, Señor, que tú eres mi rey y mi Dios; ponga a tu servicio todo lo útil que aprendí de niño y para tu servicio sea cuanto hablo, escribo, leo y cuento, pues cuando aprendí aquellas vanidades, tú eras el que me dabas la verdadera ciencia, y me has perdonado ya los pecados de deleite cometidos en tales vanidades. Muchas palabras útiles aprendí en ellas, es verdad; pero también se pueden aprender en las cosas que no son vanas, y éste es el camino seguro por el que debían caminar lo niños.
XVIII, 28. Pero ¿qué milagro que yo me dejara arrastrar de las vanidades y me alejara de ti, Dios mío, cuando me proponían como modelos que imitar a unos hombres que si, al contar alguna de sus acciones no malas, si lo exponían con algún barbarismo o solecismo, eran reprendidos y se llenaban de confusión; en cambio, cuando narraban sus deshonestidades con palabras castizas y apropiadas, de modo elocuente y elegante, eran alabados y se hinchaban de gloria? Tú ves, Señor, estas cosas y callas longánime, lleno de misericordia, y veraz. Pero ¿callarás para siempre? Pues saca ahora de este espantoso abismo al alma que te busca, y tiene sed de tus deleites, y te dice de corazón: Busqué, Señor, tu rostro; tu rostro, Señor, buscaré, pues está lejos de tu rostro quien anda en pasiones tenebrosas, porque no es con los pies del cuerpo ni recorriendo distancias como nos acercamos o alejamos de ti. ¿Acaso aquel tu hijo menor buscó caballos, o carros, o naves, o voló con alas visibles, o hubo de mover las rodillas para irse a aquella región lejana donde disipó lo que le habías dado, oh padre dulce en dárselo y más dulce aún en recibirle andrajoso? Así, pues, estar en afecto libidinoso es lo mismo que estarlo en tenebroso y lo mismo que estar lejos de tu rostro.
29. Mira, Señor, Dios mío, y mira paciente, como sueles mirar, de qué modo los hijos de los hombres guardan con diligencia los preceptos sobre las letras y las sílabas recibidos de los primeros que hablaron y, en cambio, descuidan los preceptos eternos de salvación perpetua recibidos de ti; de tal modo que si alguno de los que saben o enseñan las reglas antiguas sobre los sonidos pronunciase, contra las leyes gramaticales, la palabra horno sin aspirar la primera letra, desagradaría más a los hombres que si, contra tus preceptos, odiase a otro hombre siendo hombre.
¡Como si el hombre pudiese tener enemigo más pernicioso que el mismo odio con que se irrita contra él o pudiera causar a otro mayor estrago persiguiéndole que el que causa a su corazón odiando! Y ciertamente que no nos es tan interior la ciencia de las letras como la conciencia que manda no hacer a otro lo que uno no quiere sufrir.
¡Oh, cuán secreto eres tú!, que, habitando silencioso en los cielos, único Dios grande, esparces infatigable, conforme a ley, cegueras vengadoras sobre las concupiscencias ilícitas, cuando el hombre, anheloso de fama de elocuente, persiguiendo a su enemigo con odio feroz ante un juez rodeado de gran multitud de hombres, se guarda muchísimo de que por un lapsus linguae no se le escape un inter hominibus y no le importa nada que con el furor de su odio le quite de entre los hombres.
XX, 31. Con todo, Señor, gracias te sean dadas a ti, excelentísimo y óptimo Creador y Gobernador del universo, Dios nuestro, aunque te hubieses contentado con hacerme sólo niño. Porque, aun entonces, existía, vivía, sentía y tenía cuidado de mi integridad, vestigio de tu secretísima unidad, por la cual existía.
Guardaba también con el sentido interior la integridad de los otros mis sentidos y me deleitaba con la verdad en los pequeños pensamientos que formaba sobre cosas pequeñas. No quería me engañasen, tenía buena memoria y me iba instruyendo con la conversación. Me deleitaba la amistad, huía del dolor, de la abyección y de la ignorancia. ¿Qué hay en un viviente como éste que no sea digno de admiración y alabanza? Pues todas estas cosas son dones de mi Dios, que yo no me los he dado a mí mismo. Y todos son buenos y yo soy todos ellos.
Bueno es el que me hizo y aun él es mi bien; a él quiero ensalzar por todos estos bienes que integraban mi ser de niño. En lo que pecaba yo entonces era en buscar en mí mismo y en las demás criaturas, no en él, los deleites, grandezas y verdades, por lo que caía luego en dolores, confusiones y errores.
Gracias a ti, dulzura mía, gloria mía, esperanza mía y Dios mío, gracias a ti por tus dones; pero guárdamelos tú para mí. Así me guardarás también a mí y se aumentarán y perfeccionarán los que me diste, y yo estaré contigo, porque tú me concediste que existiera.
LIBRO SEGUNDO
I, 1. Quiero recordar mis pasadas fealdades y las corrupciones carnales de mi alma, no porque las ame, sino por amarte a ti, Dios mío. Por amor de tu amor hago esto (amore amoris tui facio istuc), recorriendo con la memoria, llena de amargura, aquellos mis caminos perversísimos, para que tú me seas dulce, dulzura sin engaño, dichosa y eterna dulzura, y me recojas de la dispersión en que anduve dividido en partes cuando, apartado de la unidad, que eres tú, me desvanecí en muchas cosas.
Porque hubo un tiempo de mi adolescencia en que ardí en deseos de hartarme de las cosas más bajas, y osé oscurecerme con varios y sombríos amores, y se marchitó mi hermosura, y me volví podredumbre ante tus ojos por agradarme a mí y desear agradar a los ojos de los hombres.
II, 4. Pero yo, miserable, habiéndote abandonado, me convertí en un hervidero, siguiendo el ímpetu de mi pasión, y traspasé todos tus preceptos, aunque no evadí tus castigos; y ¿quién lo logró de los mortales? Porque tú siempre estabas a mi lado, ensañándote misericordiosamente conmigo y rociando con amarguísimas contrariedades todos mis goces ilícitos para que buscara así el gozo sin contrariedades y, cuando yo lo hallara, en modo alguno lo hallara fuera de ti, Señor; fuera de ti, que provocas el dolor para educar, y hieres para sanar, y nos das muerte para que no muramos sin ti.
Pero ¿dónde estaba yo? ¡Oh, y qué lejos, desterrado de las delicias de tu casa en aquel año décimosexto de la edad de mi carne, cuando la locura de la libídine, permitida por la desvergüenza humana, pero ilícita según tus leyes, tomó el bastón de mando sobre mí y yo rendí totalmente a ella! Ni aun los míos se cuidaron de recogerme en el matrimonio al verme caer en ella; su cuidado fue sólo de que aprendiera a componer discursos magníficos y a persuadir con la palabra.
III, 5. En este mismo año se interrumpieron mis estudios, cuando estaba de regreso en Madaura, ciudad vecina, a la que había ido a estudiar literatura y oratoria, en tanto que se hacían los preparativos necesarios para el viaje más largo a Cartago, más por animosa resolución de mi padre que por la abundancia de sus bienes, pues era un vecino muy modesto de Tagaste.
Pero ¿a quién cuento yo esto? No ciertamente a ti, Dios mío, sino en tu presencia cuento estas cosas a los de mi linaje, el género humano, cualquiera que sea la parte de él que pueda tropezar con este mi escrito. ¿Y para qué hago esto? Para que yo y quien lo leyere pensemos desde qué abismo tan profundo hemos de clamar a ti. ¿Y qué cosa más cerca de tus oídos que el corazón que te confiesa y la vida que procede de la fe? ¿Quién había entonces que no colmase de alabanza a mi padre, quien, yendo más allá de sus haberes familiares, gastaba con el hijo cuanto era necesario para un tan largo viaje por razón de sus estudios? Porque muchos ciudadanos, y mucho más ricos que él, no se ocupaban tanto de sus hijos.
Sin embargo, este mismo padre nada se cuidaba entre tanto de que yo creciera ante ti o fuera casto, sino únicamente de que fuera diserto, aunque mejor dijera desierto, por carecer de tu cultivo (dummodo essem disertus vel desertus potius a cultura tua), ¡oh Dios!, que eres el único, verdadero y buen Señor de tu campo: mi corazón.
6. Pero en aquel décimosexto año se impuso un descanso por la falta de recursos familiares y, libre de escuela, comencé vivir con mis padres. Se elevaron entonces sobre mi cabeza las zarzas de mis pasiones, sin que hubiera mano que me las arrancara. Al contrario, cuando cierto día, en los baños públicos, ese padre me vio que llegaba a la pubertad y que estaba revestido de una inquieta adolescencia, como si se gozara ya pensando en los nietos, se fue alegre a contárselo a mi madre; alegre por la embriaguez con que el mundo se olvida de ti, su Creador, y ama en tu lugar a la criatura, y que nace del vino invisible de su perversa y mal inclinada voluntad a las cosas de abajo.
Mas para este tiempo habías empezado ya a levantar en el corazón de mi madre tu templo y el principio de tu morada santa, pues mi padre no era más que catecúmeno, y esto desde hacía poco. De aquí que ella se sobresaltara con un santo temor y temblor, pues, aunque yo no era todavía cristiano, temió que siguiese las torcidas sendas por donde andan los que te vuelven la espalda y no el rostro.
7. ¡Ay de mí! ¿Y me atrevo a decir que callabas cuando me iba alejando de ti? ¿Es verdad que tú callabas entonces conmigo? ¿Y de quién eran, sino de ti, aquellas palabras que por medio de mi madre, tu creyente, cantaste en mis oídos, aunque ninguna de ellas penetró en mi corazón para ponerlas por obra? Ella quería –y recuerdo que me lo amonestó en secreto con grandísima solicitud– que no fornicase y, sobre todo, que no cometiese adulterio con una mujer casada. Pero estas reconvenciones me parecían mujeriles, a las que me hubiera avergonzado obedecer. Mas en realidad eran tuyas, aunque yo no lo sabía, y por eso creía que tú callabas y que era ella la que me hablaba, siendo tú despreciado por mí en ella; por mí, su hijo, hijo de tu sierva y siervo tuyo, que no cesabas de hablarme por su medio.
Pero yo no lo sabía, y me precipitabas con tanta ceguera que me avergonzaba entre mis coetáneos de ser menos desvergonzado que ellos cuando les oía jactarse de sus maldades y gloriarse tanto cuanto más indecentes eran, agradando hacerlas no solo por el deleite de las mismas, sino también por ser alabado. ¿Qué cosa hay más digna de reproche que el vicio? Y, sin embargo, por no ser reprochado me hacía más vicioso, y cuando no había hecho nada que me igualase con los más perdidos, fingía haber hecho lo que no había hecho, para no parecer más despreciable, por el hecho de ser más inocente; ni ser tenido por más vil, por el hecho de ser más casto.
IV, 9. Ciertamente, Señor, que tu ley castiga el hurto, ley de tal modo escrita en el corazón de los hombres, que ni la misma iniquidad puede borrar. ¿Qué ladrón hay que tolere con paciencia a otro ladrón? Ni aun el rico tolera esto al que es empujado por la pobreza. Y yo quise cometer un hurto y lo cometí, no forzado por la pobreza, sino por penuria y fastidio de justicia y por abundancia de iniquidad. Pues robé aquello que tenía en abundancia y mucho mejor. Ni era el gozar de aquello lo que yo apetecía en el hurto, sino el hurto y el pecado mismo.



sábado, 16 de diciembre de 2017

EL CORAZÓN ADMIRABLE DE LA MADRE DE DIOS. SAN JUAN EUDES




La séptima es una llama de amor consumativo. Porque hacer exactamente y de todo corazón lo que dice el Hijo único de María, es la perfección y la consumación de la suma felicidad.
3. ELEVACIÓN
Santa Catalina de Génova, sintiendo su corazón totalmente inflamado en el amor divino, exclamaba: "¡Oh, si pudiese decir lo que pasa en mi corazón, al que siento arder y consumirse interiormente! Lo único que puedo decir es que, si una gotita del amor que abrasa mi corazón pudiese caer en el infierno, cambiaría el infierno en paraíso, a los diablos en ángeles y las penas en consuelos". Si el fuego del amor divino produjo tal incendio en el corazón de esta Santa, piensa lo que haría en el Corazón de la Reina de todos los Santos.
No estaban más que los tres jóvenes hebreos en el horno de Babilonia; pero todos los hijos de la Madre de Dios tienen su morada en el horno de su Corazón, como en un paraíso de delicias, donde alaban y glorifican a Dios continuamente con su divina Madre y con los corazones llenos de gozo y de consuelo (3).
¡Oh, fuego divino que abrasáis el nobilísimo Corazón de nuestra gloriosa Madre! Venid a los corazones de todos los hombres; apagad en ellos cualquiera otro fuego; consumid todo lo que os es contrario; abrasadles, inflamadles, transformadles en vos mismo para que sean un puro fuego y una pura llama de amor hacia Aquel que los ha creado para amarle. Haced que digamos con San Agustín y con sus mismas santas disposiciones: "¡Oh fuego santo!, ¡qué dulcemente ardes, qué secretamente luces, y con cuánto deseo quemas! ¡Ay de aquellos que son iluminados y no de ti; ay de los que arden y no por ti! Venid, pues, fuegos sagrados; venid, celestes llamas; venid brasas del cielo; venid torrentes, venid diluvios de fuego adorable y eterno, fundíos sobre nosotros y sobre todos los hombres.
Encendedlo todo, abrasadlo todo, consumidlo todo.
Duodécimo del Corazón santísimo de María: el Calvario La duodécima imagen del Sagrado Corazón de la Virgen es el Calvario; esa imagen nos pone delante de los ojos el estado doloroso del Corazón crucificado de la Madre del Salvador al tiempo de la pasión de su Hijo.
§ 1. LA SANTA MONTAÑA
¿Qué es el Calvario? Una montaña la más ilustre y digna de la Tierra Santa. ¿Qué es el Corazón de María? El lugar más ilustre y digno de su cuerpo y de su alma. El Calvario es el monte Moriath en donde Dios mandó a Abrahám inmolar a su hijo. Y  como el verdadero Salomón ha establecido su templo y su santo altar en el Corazón de María; así también sobre este templo y altar ha inmolado Ella a su amadísimo y adorable Isaac, no sólo en el afecto, sino en la realidad.
El Calvario es el lugar donde la cruz de Jesús ha sido plantada; de igual modo el primer lugar donde lo ha sido el Corazón Santísimo de María. El Calvario ha sido regado por la sangre de Jesús; y el Corazón de María, por el amor y la compasión, ha sido penetrado, henchido de los dolores de Cristo.
Las espinas han punzado la cabeza adorable de mi Salvador; los clavos han traspasado sus manos y sus pies; la lanza ha rasgado su Corazón; y todas las llagas han cubierto el cuerpo del Señor de la cabeza a los pies. Pero -dice San Agustín (1), la Cruz y los clavos fueron a un mismo tiempo del Hijo y de la Madre. Y San Jerónimo, o mejor San Sofronio de Jerusalén (2), dice que "cuantas heridas hubo en el cuerpo de Cristo, otras tantas existieron en el Corazón de la Madre; cuantas espinas, clavos, golpes hirieron el cuerpo del Hijo, fueron otras tantas flechas que atravesaron el Corazón de la Madre. No recibía una herida el cuerpo del Hijo que no tuviera un eco triste en el Corazón de la Madre.
§ 2. EL CORAZÓN COMPASIVO
Oh Reina mía, dice San Buenaventura (3), Vos no estabais solamente junto a la cruz de vuestro Hijo; sino que estabais con El en la misma Cruz; sufríais con El, erais con El crucificada. No hay más que esta diferencia: que lo que El sufre en su cuerpo, Vos lo sufrís en vuestro Corazón. Todas las llagas que lleva en todo su cuerpo, están reunidas en vuestro Corazón; porque la espada del dolor ha traspasado vuestra alma. Vuestro Corazón Virginal, Oh Soberana mía, ha sido rasgado por la lanza, traspasado por los clavos y las espinas, cargado de oprobios, ignominias y maldiciones, embriagado por la hiel y el vinagre. Oh venerabilísima Señora, ¿por qué queréis ser inmolada por nosotros? ¿La pasión del Salvador no es suficiente para nuestra salvación? ¿Es necesaria que la Madre sea también crucificada con el Hijo? Oh Corazón dulcísimo que sois todo amor, ¿es necesario que seáis todo transformado en dolor? Miro vuestro Corazón, Oh amadísima Señora, y ya no veo amor, sino hiel amarguísima, mirra y absintio.
Veo a mi Redentor crucificado -dice el Santo Abad premonstratense (4), sufriendo, agonizando, muriendo y muerto sobre el Calvario; pero al mismo tiempo lo contemplo en sus sufrimientos, agonía y muerte en el Corazón de su Madre. Viviendo, vive con su Hijo; cuando muere, también muere con El. El Hijo es crucificado en su cuerpo, dice el Santo Patriarca de Venecia (5), y la Madre lo es en su Corazón. ¿Pues qué? -nos dice San Bernardo (6), ¿Cristo pudo morir en el cuerpo, y la Virgen no tuvo que con-morir en el Corazón?
§ 3. HIJOS DEL CORAZÓN DE MARÍA
En el Calvario, el Hijo único de María, por un exceso de bondad incomprensible, nos ha hecho un don inestimable, cuando hablando a cada uno de nosotros en la persona de San Juan; y dirigiéndose a su Madre, nos dijo: "He ahí a tu Madre". Allí ha sido también donde esta Madre de Jesús, que no tiene más que un solo sentimiento y un solo amor con su Hijo, se nos ha dado con un solo Corazón y un solo amor, para ser nuestra verdadera Madre; y habiendo ella recibido estas palabras de su Hijo en su Corazón maternal, han hecho eco con las de su hijo, para decirnos derechamente a cada uno de nosotros: he aquí a tu Madre. De suerte que si Jesús nos dice: he ahí a tu Madre, María nos dice también: he aquí a tu Madre.
Que cada uno de nosotros diga también con Jesús a esta buena Madre: he aquí a tu Hijo. Que desee honraros, amaros e imitaros corno a su Madre. ¡Miradme, por favor, oh amabilísima Madre! Amadme, obrad conmigo, protegedme, conducidme, como a vuestro hijo, aunque sea infinitamente indigno de esta cualidad.
§ 4. CONSUELO DE LOS AFLIGIDOS
Veis, pues, mi amado lector, cómo el Calvario es una excelente imagen del Corazón Sagrado de la Madre del Salvador.
¿Queréis que vuestro corazón tenga alguna semejanza con el Corazón de vuestra Madre? Poned en su centro la Cruz de su Hijo Jesús; o más bien, suplicadle que la ponga El mismo y que imprima en él un grande amor por la misma Cruz; él os hará abrazar, amar y sufrir todas las cruces que los sobrevengan, con espíritu de humildad, de paciencia, de sumisión a la divina voluntad; y con las demás santas disposiciones con las cuales el Hijo de María y la Madre de Jesús han llevado su pesada Cruz.
Pero es necesario que sepáis que, as¡ como el Corazón de la Virgen bienaventurada ha sufrido una infinidad de angustias y tribulaciones, así también está lleno de caridad y de compasión hacía los corazones afligidos; y Dios le ha dado un poder particular de consolarlos. Recurrid a Él en todas vuestras penas con humildad y confianza; y sentiréis los efectos de la bondad incomparable y del poder maravilloso del Corazón benignísimo de vuestra caritativa Madre.
§ 5. ORACIÓN FINAL
Bendito seáis, oh Padre celestial, Pintor divino, por estos doce cuadros que nos habéis dado del Corazón Sagrado de nuestra Madre gloriosa. Complaceos, os rogamos, en añadir un último cuadro en nuestros propios corazones: imprimid en ellos una semejanza perfecta del amor, de la caridad, de la humildad, de la pureza, y de todas las demás virtudes de este Santísimo Corazón, para que los corazones de los hijos sean semejantes  al Corazón de la Madre; y para que os amen y os glorifiquen eternamente con Ella.


 FIN DEL LIBRO

viernes, 15 de diciembre de 2017

BREVE RESUMEN DE LOS ERRORES DEL CONCILIO VATICANO II


La marisma niega, además, el libre albedrío (defendido sólo por algunas exégesis minoritarias consideradas heréticas) y profesa un determinismo absoluto, que no deja lugar en el mundo a relaciones causales auténticas, visto que todas nuestras acciones, buenas o malas, están ya "consignadas" en el decreto inescrutable de Alá (Corán 54,52-53).
9.6.1 El reconocimiento de Lumen Gentium § 16 se repite en la declaración Nostra Aetate de manera más detallada y grave: «La Iglesia mira también con aprecio a los musulmanes, que adoran al Dios único, viviente y subsistente, misericordioso y todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra (cf San Gregorio VIL Epist. 21 ad Anzir (Nacir), regem Mauritaniae: PL 148, 450s), que habló a los hombres [qui unicum Deum adorant (...) homines allocutum], a cuyos escondidos decretos procuran someterse con toda el alma [cuius occultis etiam decretis tato animo se submittere student] como se sometió Abraham, a quien la fe islámica mira con complacencia» (NA § 3).
Aquí se afirma sin más ni más que el dios en quien creen los islamitas "habló a los hombres" (1). Así que ¿pretende hacer ver con ello el concilio que considera auténtica la "revelación" transmitida por Mahoma en el Corán? Si fuera así, ¿no tendríamos aquí una apostasía implícita de la fe cristiana, dado que la "revelación" expuesta en el Corán contradice expresamente todas las verdades fundamentales de aquélla? Por añadidura, se describen las creencias de la muslemía exactamente igual que ésta las entiende, como si se las aprobase. En efecto, se usa -la imagen de la "sumisión a Dios", que no otra cosa es lo que significa la voz "islam" (sumisión), cuyo adjetivo sustantivado es muslim, musulmán (sometido [a Dios]). La frase entera parece un eco de Corán 4, 125: «¿Quién es mejor, tocante a religión, que quien se somete a Dios, hace el bien y sigue la religión de Abraham, que fue Hanif [un monoteísta puro]?». Por último, la referencia a la obediencia a los "escondidos decretos" de Alá tiene un marcadísimo sabor islámico, puesto que nos recuerda que a Alá se le define en el Corán como "el Visible y el Escondido" (Corán 57, 3) (Visible en sus obras y Escondido en sus decretos): como si el concilio hubiese querido hacer comprender con ello que su "aprecio" no retrocedía ante el carácter ambiguo, turbio, impenetrable, de la entidad que habla en el Corán.
El elogio del Vaticano II a la "fe" de Abraham profesada por los musulmanes, como si constituyese una característica que los acerca a nosotros, oculta la verdad, ya que, como se sabe, el Abraham del Corán, embebido de elementos legendarios y apócrifos, no coincide con el Abraham verdadero, que es obviamente el de la Biblia, visto que el Corán le atribuye a Abraham un monoteísmo denominado "puro", es decir, antitrinitario, anterior al judeocristiano, que Mahoma, en cuanto profeta árabe, descendiente de Abraham por la línea de Ismael, fue llamado por Dios a restaurar, liberándolo de las presuntas falsificaciones de hebreos y cristianos (1).
9.6.2 Nostra Aetate muestra que también toma seriamente en consideración la veneración que los agarenos profesan a Jesús y a la Santísima Virgen: «Veneran a Jesús como profeta, aunque no lo reconocen como Dios; honran a María, su madre virginal, y a veces también la invocan devotamente» (NA § 3. cit.).
Se sabe, empero, que la "cristología" del Corán se basa en el Jesús torcido y desfigurado de los evangelios apócrifos y de las herejías gnósticas de distintos tipos que pululaban en Arabia en tiempos de Mahoma. Nos muestra a un Jesús (Isa) nacido de una virgen por intervención divina (del ángel Gabriel), profeta particularmente acepto a Alá, un mero mortal, bien que milagrero por concesión de Alá; un profeta, pues, que predicó el mismo monoteísmo atribuido a Abraham (Corán 57, 26-27), cuya fórmula reza así: «No hay ningún otro dios que Dios, el Uno, el Invicto» (Corán 38, 65). Por eso Jesús, según la marisma, fue un "siervo de Dios" (Corán 19,30), un sometido a Alá, o sea, un muslim, un musulmán, como Abraham, hasta el punto de que anunció, al igual que éste, la venida de Mahoma (Corán 61, 6) (1). Cuando los sarracenos veneran a Jesús como profeta, lo entienden, pues, como "profeta del Islam", mentira que no puede aceptar ningún católico que siga conservando la fe, como es obvio.
a9.6.3 Por lo que se refiere a la veneración islámica de la Santísima Virgen, a quien a veces los moros "invocan devotamente", fuerza es precisar que constituye un culto irrelevante, de fondo supersticioso; un "culto", en cualquier caso, que se enseñe o mande en cuanto madre de un "profeta del islam", no en cuanto madre de Dios: un culto desde luego ofensivo para oídos católicos.
Hay que replicar, además, que también la "mariología" del Alcorán está corrompida por entero: trae origen de un libro de fuente apócrifa y herética, ignora por completo la existencia de San José y del Espíritu Santo, llama a la Virgen María "hermana de Arón", hermano de Moisés, e «hija de Imram» (en hebreo: Arnram), que era su padre (Núm 26, 59), uniéndola nada menos que con María la profetisa (Ex 15,20), que vivio alrededor de doce siglos antes de Cristo.
Para colmo, inserta a la Virgen María en la aborrecida Trinidad de los cristianos, a la que rechaza con acritud, y que consta, al decir del Alcorán de Dios (Padre), María (Madre) y Jesús (HIJO): «y cuando dijo 'Dios: "[Jesús, hijo de María! ¿Eres tú quien a dicho a los hombres: 'Tomadnos a mí ya mi madre como a dioses [literalmente: 'como a dos dioses'], además de tomar a Dios! Dijo [Jesús]: "Gloria a Ti! ¿Cómo voy a decir algo que no tengo por verdad? [Corán 4, 171; 5, 73] Si lo hubiera dicho, Tu lo habrías sabido. Tú sabes lo que hay en mí [es decir: 'cómo pienso'], pero yo no sé lo que hay en Ti, Tú eres Quien conoce a fondo todas las cosas ocultas"» (Corán 5, 116).
9.6.4 Por remate de todo, Nostra Aetate § 3 cit. parece loar a los agarenos y señalarlos como ejemplo a los católicos porque «esperan, además, el día del juicio, cuando Dios remunerara a todos los hombres resucitados. Por tanto, aprecian la vida moral y honran a Dios, sobre todo, con la oración, las limosnas y el ayuno»; razón por la cual el concilio «exhorta a todos a que, olvidando lo pasado», es decir, las «no pocas desavenencias y enemistades entre cristianos y musulmanes» que surgieron en el transcurso de los siglos, «procuren con sinceridad comprenderse mutuamente, defender y promover unidos la justicia social, los bienes morales, la paz y la libertad para todos los hombres» (NA, ibid.).
También aquí se tuerce con violencia el significado de los hechos históricos, porque se reducen artificiosamente a meras "desavenencias y enemistades" las luchas sangrientas, largas cruentas, fe contra fe, que hubimos de sostenerla lo largo de los siglos rechazar el asalto del islam. Además, también se pasan por alto las diferencias abisales que median entre la escatología católica y la islámica (la carencia de una verdadera visión beatífica, la carnalidad del paraíso, la eternidad de las penas infernales sólo para los infieles), por no mencionar la incompatibilidad absoluta de su concepción de la "vida moral" y del "culto" con la nuestra: el islam es una religión que, además de admitir instituciones moralmente inaceptables como la poligamia, con todos sus corolarios, pretende garantizar la salvación nada más que con solas las prácticas legales del culto; constituye, pues, una religión exterior y legalista, aún más que el fariseísmo, condenado por Nuestro Señor a boca llena (cf. Mt 6, 5). Todo eso se pasa en silencio para invitarnos a una colaboración imposible con la morisma, aunque sólo sea porque ésta no da a las expresiones "justicia social", "paz", "libertad", etc., otro significado que el que puede inferirse del Corán y de la Asuna (lo que dijo e hizo Mahoma), según los ha entendido la interpretación "ortodoxa" a lo largo de los siglos: un significado islámico, absolutamente distinto del nuestro. Por poner un ejemplo, la morisma agarena no entiende la paz ni siquiera a la manera del Pontífice actualmente reinante: al no admitir que los islamitas puedan vivir bajo los infieles, dividen el mundo en dos: la parte donde domina el islam (dar al-islam: morada del islam) y todo el resto, forzosamente enemigo hasta que se convierta o someta (dar alharb: morada de la guerra). La comunidad islámica se considera siempre en guerra con ese resto del mundo; de ahí que la paz no sea para ella un fin en sí, que permita la convivencia de Estados y religiones diversos: no es más que un medio dictado por las circunstancias, que obligan a pactar armisticios con los infieles; deben gozar de una duración limitada (no más de diez años); y la guerra debe reanudarse siempre que se pueda -constituye una obligación moral para el agareno, de cuño jurídico-religioso- hasta la infalible victoria final: la instauración de un Estado islámico mundial. Continuara...


Siria: nuevos conflictos después de la derrota de Daesh


Dos hechos han marcado recientemente la guerra antiterrorista ejercida por el Gobierno de Bashar al-Asad y que determinan una preocupación sin igual.

Pues abatir al grupo terrorista EIIL (Daesh, en árabe) no es el único objetivo ya que se avecina una tormenta propiciada por las élites violentas que no cesan en su creación negativa.

En primer lugar, los “rebeldes moderados” u oposición armada han realizado vastas reuniones entre sus comandantes y representantes israelíes para supuestamente preparar una ofensiva conjunta en el valle de Yarmuk (oeste de Daraa), con el fin de minimizar la presencia de EIIL en el área. Ello demuestra la connivencia entre el régimen de Israel y el terrorismo “prudente” con el fin de apoderarse de Siria y supeditarlo a éste.

En segundo lugar, los recientes intentos de un avión de combate F-22 de la Fuerza Aérea de EE.UU., tratando de impedir que dos aviones rusos Su-25 bombardearan una base de EIIL en la orilla occidental del río Eúfrates, ratifica el apoyo de este régimen al terrorismo. Unido a la reciente decisión de Donald Trump al declarar a Al-Quds (Jerusalén) capital judía, iniciando el trámite para trasladar su embajada de Tel Aviv, da un espaldarazo al régimen sionista quien ha afirmado que establecerá más de catorce mil familias en la región ocupada, implosionando la crisis en Palestina e impidiendo cualquier solución.

Por ello, determinar que Daesh ha sido derrotado implica que es necesario prevenir todas las acciones desesperadas que procederán de este engendro, sin descuidar las acciones desestabilizadoras latentes para fragmentar Siria. En este sentido, hay tres puntos de conflicto que deben ser considerados plenamente y se relaciona con la interrogante: ¿Cuál será el destino de Siria?

El mapa de la posible (próxima) confrontación y los probables puntos de contacto son:

Los altos del Golán.
El territorio ocupado por el régimen sionista desde 1967 se ha constituido en una frontera con Siria y sólido bloque defensivo de Israel, agrediendo a todo aquel que ose penetrar esta franja al instituirla como parte indisoluble de Israel. Desde allí se apoya la infiltración y atentados contra el pueblo sirio y su Ejército.

Por ello, el Ejército Árabe Sirio ha comenzado su batalla decisiva para capturar la ciudad clave de Mughar al-Mir cerca de los ocupados altos del Golán, apoderándose de casi todo el bolsillo de Beit Jinn, dejando solo una colina entre ellos y la ciudad clave de Mughar al-Mir. Hacer este frente es complicado por la constante interferencia israelí que a menudo allana el camino para que los rebeldes extremistas obtengan ganancias temporales.

Consolidar dicho lugar estratégico indica que pronto puede iniciarse alguna confrontación de mayor envergadura provocada por el régimen israelí.

La ocupación estadounidense.
La reciente declaración del teniente coronel Damien Pickart, vocero del Comando Central de la Fuerza Aérea de los EE. UU., afirmando que la industria aeroespacial sobre la ribera oriental del río Eúfrates pertenece a la coalición liderada por Estados Unidos y que bombardearán a quien cruce dicha demarcación, coincide con quienes manifiestan el desprecio por una nación soberana y recalcan que los esfuerzos de la coalición no se centran en atacar a EIIL sino en impedir su destrucción. La coalición ya emitió un comunicado en el que dejó claro que apoyará las ofensivas de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) en su avance hacia la ciudad de Deir Ezzor (este), que fue desbloqueada por el Ejército sirio después de casi tres años del asedio del EIIL.

Esta coalición, que opera ilegalmente desde 2014 en Siria sin el aval de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), ha proporcionado equipos, apoyo logístico e inteligencia a las fuerzas kurdas durante las batallas, aunque recientemente Donald Trump anunció la suspensión de esta ayuda en una reunión con su homólogo, Vladimir Putin.

Sin embargo, la mantención de dos bases, Al-Tanf y Al-Zkuf, confirman lo expuesto por el periódico The Washington Post según el cual Washington mantendrá su contingente para establecer un nuevo gobierno en el país. Por dicha razón, no es extraño que Trump acabe de justificar los ataques aéreos de Estados Unidos contra las fuerzas del Gobierno sirio como “medidas legales” para contrarrestar las amenazas a las fuerzas estadounidenses en el país, corroborando su proyecto hegemónico ilegal.

La creación del Nuevo Ejército Sirio.
El jefe adjunto del Consejo Democrático Sirio, Riad Darar, alto líder de las Fuerzas Democráticas Sirias, en una entrevista concedida a la cadena kurda de televisión Rudaw, ha anunciado que sus efectivos se unirán al Ejército sirio una vez cese la lucha antiterrorista, sin descartar que continúe su cooperación con Estados Unidos. Igualmente, expresó estar preparado para el hecho de mantener una negociación con el Gobierno de Damasco después de que reine la paz en territorio sirio y del establecimiento de un sistema federalista de gobierno. Según Darar, las FDS se unirán al ejército sirio recién formado, no a uno leal al actual Gobierno de Damasco, orientado por la Coalición Nacional Siria de Fuerzas Revolucionarias y Opositoras.

Ahora que se ha descubierto que la coalición estadounidense se alió con EIIL a través de las FDS para no verse involucrado directamente, aunque fue el gestor de los contactos a través de la inteligencia, el proyecto desestabilizador queda en evidencia clara.

Por su parte, el presidente sirio, Bashar al-Asad ha asegurado que la lucha antiterrorista no acabará después de la liberación de la ciudad de Deir Ezzor. Por otro lado, el Gobierno sirio rechaza ampliamente la actuación de las Unidades de Protección Popular (YPG) y las llamadas Fuerzas Democráticas Sirias, que han sido acusadas de detener el avance de las fuerzas gubernamentales ante Daesh en la provincia oriental de Deir Ezzor.

Así, las últimas declaraciones según las cuales EE.UU. dejará de suministrar armas a las milicias kurdo-sirias en consonancia con la promesa de Donald Trump a su par turco, Recep Tayyip Erdogan, corrobora la ayuda inmensa prestada por el Pentágono y el conflicto desatado en forma de injerencia foránea, siendo de dudar en su sinceridad.

Es de precisar que siendo todavía Daesh un problema serio, sus recientes combates con Al-Qaeda no son una fuente de división ni un debilitamiento sustancial como se ha informado profusamente. Por el contrario, el plan secreto de EE.UU. revelado por el ex portavoz de las FDS, que confirma todos sus intentos de engrosar la violencia injerencista, se ve reflejado por el presidente de Sudán, Omar al-Bashir, quien asegura que detrás de los problemas actuales de Oriente Medio está la política de Estados Unidos.

Tal vez la reflexión hecha en la página South Front sea una síntesis interesante del tema: “Ahora, cuando este plan falla, Washington está en un callejón sin salida. Por un lado, no puede aceptar oficialmente a Al-Asad en el poder. Por otro lado, no tiene opciones reales, pero acepta a Al-Asad en el poder. Por lo tanto, es probable que Estados Unidos aumente sus esfuerzos para dividir a Siria mediante el apoyo a las intenciones separatistas de las Fuerzas Democráticas Sirias, dominadas por los kurdos y respaldadas por Estados Unidos, que controlan gran parte del este de Siria. El objetivo de esta estrategia es construir un enclave independiente de facto dentro de Siria. Este enclave estará controlado casi en su totalidad por los EE.UU. Porque sin el apoyo financiero y militar estadounidense será incapaz de vivir.”

1.  https://southfront.org/trump-administration-bows-reality-accepts-assad-power-2021-media/


jueves, 14 de diciembre de 2017

EL SANTO ABANDONO. DOM VITAL LEHODEY


«Ved al pobre Niño en la cueva, que recibe la pobreza, la desnudez, la compañía de los animales, todas las inclemencias del tiempo, el frío y todo cuanto permite su Padre que le venga. No está escrito que haya extendido sus manos en busca del seno de su Madre, mas no rehúsa los pequeños alivios que Ella le da. Recibe los servicios de San José, las adoraciones de los reyes y de los pastores, y todo con la misma igualdad de ánimo. Así nada debemos nosotros desear ni nada rehusar, sino sufrir y recibir con igualdad de ánimo todo lo que la Providencia permita que nos suceda.»
«Si se hubiera preguntado al dulce Niño Jesús llevado en brazos de su Madre, a dónde iba, ¿no hubiera tenido razón en responder: Yo no voy, es mi Madre la que va por mí?, y a quien le hubiera preguntado: Pero al menos, ¿no vais Vos con vuestra Madre?, hubiera podido con razón decirle: No; yo no voy en manera alguna, o si voy allí donde mi Madre me lleva, no es por mis propios pasos, es por los pasos de mi Madre que voy. A la manera que mi Madre va por mí, así Ella quiere por mí y yo la dejo igualmente el cuidado de ir como el de querer. Su voluntad basta para Ella y para mí, sin que yo tenga querer alguno en lo tocante a ir o venir; no me importa si camina aprisa o despacio, si va por ésta o la otra parte; no me opongo a su deseo de ir acá o allá y me contento con estar siempre en sus brazos y mantenerme bien unido a su amante cuello. »
En su huida a Egipto, Nuestro Señor, que es la Sabiduría eterna, y que gozaba del perfecto uso de la razón, no advierte a San José o a su dulcísima Madre nada de cuanto había de acontecerles. Nada quiso emprender sino por el encargo del ángel Gabriel que había sido destinado por el Padre para anunciar el misterio de la Encarnación, para ser desde entonces como el ecónomo general de la Sagrada Familia, para cuidar de ella en los diversos acontecimientos. Este Niño Todopoderoso, pero manso y humilde de corazón, se dejaba llevar a donde querían y por quien quería llevarle, se abandonaba dócilmente en manos del ángel por más que éste no tenía ni ciencia, ni sabiduría que pudieran compararse con su divina Majestad.
«Algunos contemplativos han supuesto que Nuestro Señor en Egipto, en el taller de San José y durante los treinta años de su adorable vida oculta, se ocupaba algunas veces en hacer cruces», y las ofrecía a sus amigos -método que no ha variado-. Devorado del celo por la gloria de su Padre, de la Iglesia y por las almas, «tuvo mil amorosos desfallecimientos; veía la hora de ser bautizado con su propia sangre y languidecía suspirando en tanto que esto llegaba, a fin de vernos libres, por su muerte, de la muerte eterna». Y sin embargo, cuando entra en el Huerto de los Olivos, se entrega a los terribles asaltos del temor y de las repugnancias, «sufriéndolos voluntariamente por amor nuestro, pudiéndose librar de ellos. El dolor le causa angustias de muerte, y el amor un ardiente deseo de ella, una cruel agonía entre el deseo y el horror a la muerte, hasta la abundante efusión de su sangre que corre como de una fuente y riega la tierra». Con todo, no cesa de repetir en amoroso abandono: «Padre mío, hágase vuestra voluntad y no la mía». En consecuencia, «déjase prender, maniatar y conducir a gusto de los que quieren crucificarle, con un abandono admirable de su cuerpo y de su vida, poniéndolos en sus manos. De igual modo van a entregarse su alma y voluntad por una perfectísima
indiferencia en manos de su Padre Eterno».
Mas antes, un supremo dolor y el más terrible de todos le espera «sobre la cruz», cuando después de haber dejado todo por el amor y la obediencia de su Padre, fue como dejado y abandonado de El; y empujada su barca a la desolación por el torrente de las pasiones, apenas sentía la brújula de su vida, que, sin embargo, no sólo miraba a su Padre, sino que le estaba inseparablemente unida; cosa que la parte inferior ni sabía ni de ella se apercibía, ensayo que la divina Providencia jamás ha hecho ni hará en ninguna otra alma, pues no lo podría soportar. Para mostrarnos lo que podemos y debemos hacer cuando nuestras penas llegan a su colmo, quejóse filialmente a su Padre: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» Mas apresúrase a añadir con todas sus fuerzas y con la más amorosa sumisión: «Padre mío, en tus manos encomiendo mi espíritu», dando así a su Padre y a nosotros el supremo testimonio de su amor, «muriendo en el amor, por el amor, para el amor y de amor». Al mismo tiempo, nos enseña -«cuando nuestros males están en su apogeo, y mientras las convulsiones de las penas espirituales nos quiten cualquiera otro género de alivios y de medios de resistir a poner nuestro espíritu en manos de Aquel que es nuestro verdadero Padre, y, bajando la cabeza de nuestra aquiescencia a su beneplácito, a entregarle toda nuestra voluntad».
Este continuo abandono de niño pequeño se ha dignado Nuestro Señor extenderlo a toda suerte de peñas y pruebas, pues «fue afligido en su vida civil, condenado como un criminal de lesa majestad divina y humana y atormentado con extraordinaria ignominia; en su vida natural, muriendo entre los más crueles y sensibles tormentos que se pueden imaginar; en su vida espiritual, sufriendo tristezas, temores, espantos, angustias, abandonos y aflicciones interiores, que jamás encontrarán semejante»; y todo con entera y sumisa voluntad. «Pues aunque la parte superior de su alma estuviera soberanamente gozosa de la gloria eterna, el amor impedía a esta gloria difundir sus delicias y sentimientos, tanto en la imaginación, como en la parte inferior, dejando así el corazón a merced de la tristeza y angustia.»
De esta suerte nos da ejemplo para que aceptemos con corazón magnánimo y sin rechazarlas jamás esas mil pruebas del orden natural o espiritual, de que nos resta hacer una rápida exposición.
3. Ejercicio del Santo Abandono
1. OBJETO DEL ABANDONO EN GENERAL
No estará de más recordar la distinción entre la voluntad de Dios significada y su voluntad de beneplácito, ya que en esto está el nudo de la cuestión.
Por la primera, Dios nos significa claramente y manifiesta de antemano y de una vez para siempre, «las verdades que hemos de creer, los bienes que hemos de esperar, las penas que hemos de temer, lo que hemos de amar, los mandamientos que se han de observar y los consejos que se han de seguir». Las señales invariables de su voluntad son los preceptos de Dios y de la Iglesia, los consejos evangélicos, los votos y las Reglas, las inspiraciones de la gracia. A estas cuatro señales puede añadirse la doctrina de las virtudes, los ejemplos de Nuestro Señor y de los Santos.
Ahora bien, el beneplácito de Dios no es conocido de antemano, y por regla general está fuera del dominio de nuestros cálculos, y con frecuencia hasta desconcierta nuestros planes. Solamente nos será manifestado por los acontecimientos, ya que los elementos que constituyen su objeto no dependen de nosotros sino de Dios, que se ha reservado su decisión. Por ejemplo, dentro de cierto tiempo, ¿estaremos sanos o enfermos, en la prosperidad o en la adversidad, en la paz o en el combate, en la sequedad o en la consolación? Es más, ¿quién podrá asegurarnos que viviremos? Sólo conoceremos lo que Dios quiere de nosotros, a medida que se vayan desarrollando los acontecimientos.
Nada más a propósito para la voluntad del divino beneplácito que el santo abandono, puesto que todo él se funda en una espera dulce y confiada, en tanto que la voluntad de Dios se nos manifiesta, y en una amorosa aquiescencia, desde el momento que aquélla se da a conocer. Supone además, como preliminar condición, la indiferencia por virtud, pues nada tan necesario como esta universal indiferencia, si se quiere estar apercibido para cualquier acontecimiento. Por otra parte, mientras no se declare el divino beneplácito, no cabe sino esperar confiada y filialmente, pues quien ha de disponer de nosotros es Nuestro Padre celestial, la Sabiduría y la Bondad por esencia. Y desde el momento que los acontecimientos no están en nuestro poder, una espera pacífica y sumisa nada tiene de quietista y hasta se Impone, salvo lo que en otra parte hemos dicho acerca de la prudencia, de la oración y de los esfuerzos en el abandono.
Diversa ha de ser nuestra actitud ante la voluntad de Dios significada. Nos ha manifestado con toda claridad «que tales y tales cosas sean creídas, esperadas y temidas, amadas y practicadas». Lo sabemos, y por lo mismo no tenemos ya el derecho de permanecer indiferentes para quererlas o no quererlas. Como de antemano nos ha manifestado su voluntad de una vez para siempre, no hay para qué esperar nos la explique de nuevo en cada caso particular. Las cosas de que se trata dependen de nuestro albedrío, y a nosotros corresponde obrar con la gracia por nuestra propia determinación. Ante la voluntad de Dios significada, no nos queda sino someter nuestro querer al suyo, por lo menos en todo lo que es obligatorio, «creyendo en conformidad con su doctrina, esperando sus promesas, temiendo sus amenazas, amando y viviendo según sus mandatos».
Se darán casos en que los acontecimientos no se sustraigan por completo a nuestra acción, pudiéndose prever y proveer de alguna manera, y en este caso convendrá añadir al abandono la prudencia y los esfuerzos personales, porque en el fondo, tales acontecimientos serán una mezcla de la voluntad de Dios significada y de su beneplácito.
Por consiguiente, no tiene lugar el abandono en lo concerniente a la salvación o a la condenación, a los medios que nos ha prescrito o aconsejado tomar para asegurar lo uno y lo otro; como son la guarda de los mandamientos de Dios y de la Iglesia, la huida del pecado, la práctica de las virtudes, la fidelidad a nuestros votos y Reglas, la obediencia a los superiores, la docilidad a las inspiraciones de la gracia. Dios nos ha manifestado su voluntad sobre todas las cosas, y para asegurar su fiel ejecución, ha hecho promesas y lanzado amenazas, ha enviado a su Hijo, establecido la Iglesia, el sacerdocio, los Sacramentos, multiplicado los socorros exteriores, prodigado la gracia interior. Evidentemente la indiferencia no tiene ya razón de ser; la obediencia se requiere en las cosas obligatorias, y en cuanto a las de consejo, es preciso al menos estimarlas y no apartar de ellas a las almas generosas.
«Si la indiferencia cristiana -dice Bossuet- se excluye con relación a las cosas que son objeto de la voluntad significada, es preciso, como lo hace San Francisco de Sales, restringirla a ciertos acontecimientos que están regulados por la voluntad de beneplácito, cuyas órdenes soberanas determinan las cosas que suceden diariamente en el curso de la vida.»
«Ha de practicarse en las cosas que se relacionan con la vida natural: como la salud, la enfermedad, belleza, fealdad, debilidad y la fuerza; en las cosas de la vida civil, acerca de
los honores, dignidades, riquezas, en las situaciones de la vida espiritual, como sequedades, consolaciones, gustos, arideces; en las acciones, en los sufrimientos y por fin en todo género de acontecimientos». En lo que atañe al beneplácito divino, esta indiferencia se extiende «al pasado, al presente, al porvenir; al cuerpo y a todos sus estados, al alma y a todas sus miserias y cualidades, a los bienes y a los males, a las vicisitudes del mundo material y a las revoluciones del mundo moral, a la vida y a la muerte, al tiempo y a la eternidad». Mas Dios modifica su acción en conformidad con los sujetos: «Si se trata de los mundanos, les priva de los honores, de los bienes temporales y de las delicias de la vida. Si se trata de los sabios, permite que sea rebajada su erudición, su espíritu, su ciencia, su literatura. En cuanto a los santos, les aflige en lo tocante a su vida espiritual y al ejercicio de las virtudes».